12 abril 2016

REDENCIÓN (LOS CASOS DEL DEPARTAMENTO Q)





Titulo: Redención (Los casos del departamento Q)
Título original: Flaskepost fra P (A Conspiracy of Faith)
Director: Hans Petter Moland
País: Dinamarca
Actores: Nikolaj Lie Kaas, Fares Fares, Johanne Louise Schmidt, Jakob Oftebro, Pål Sverre Hagen, Lotte Andersen, Søren Pilmark
Año: 2016
Duración: 119'
Crítico Colaborador: David Hidalgo





Puntuación:







En primer lugar, debo admitir que me encantan los thrillers europeos, especialmente aquellos que nos llegan desde los países nórdicos. Tal vez sea por su forma de encarar el cine de género (con buen pulso y una enriquecedora aura de costumbrismo), por el tratamiento y la importancia que suelen dar a sus personajes, por las joyas que nos ha regalado este cine (incluyendo obras maestras como Déjame Entrar o la muy curiosa Headhunters), o bien, porque me fascina la fotografía que se consigue con los paisajes que se pueden encontrar en dichos países.

Dicho esto, debo decir que soy un gran desconocedor de la saga Los casos del Departamento Q. Se trata de una serie literaria escrita por Jussi Adler-Olsen, basada en seis libros, de los cuales tres se han adaptado a la gran pantalla, incluyendo la película que nos ocupa. Esto significa que ni he leído las novelas, ni he visto las dos entregas anteriores a Redención, tituladas Misericordia (2013) y Profanación (2014). Así pues, iba a ver esta cinta con la mente totalmente limpia, aunque también temiendo perderme elementos clave de la trama y de la construcción de los personajes en el camino.


Por suerte, esto no es así: pese a formar parte de un conjunto más grande, Redención plantea una presentación inicial de personajes que nos permite tener claro desde un principio qué rol jugará cada uno, así como su personalidad y sus rasgos distintivos. Esto nos permite introducirnos en la trama sin problema alguno. En ese sentido, el argumento es un tanto tópico: todo comienza con un mensaje escrito a mano por un niño, que es encontrado en una botella en alta mar. A partir de aquí, los detectives Carl Morck y Assad investigan el caso de una desaparición, que les acaba metiendo en un tira y afloja con un peligroso asesino en serie.

Suena tópico… y lo es. Nada en esta película resulta novedoso o especialmente impactante, salvo algunos detalles particularmente crudos (esas tijeras como arma del crimen…). Grosso modo, Redención es un procedimental entretenido y eficaz, pero que no destaca entre la enorme cantidad de cintas de intriga que se estrenan cada año en todo el mundo. En cierto modo, incluso se podría decir que, narrativamente, parece un telefilm de sobremesa, cosa que se ve reforzada por un tratamiento muy superficial hacia los personajes; cada carácter cumple una función específica dentro de la trama, pero son representados a través de estereotipos (policía traumatizado, compañero gracioso, la agente de Policía atractiva, el asesino en serie megalómano…) y nunca se llega a profundizar en ellos.

El film tiene ideas interesantes, e intenta plantear un debate filosófico entre razón y religión, contrastando el (aparente) nihilismo de Carl Morck con el ansia por creer de su compañero Assad. El problema es que estas ideas no llegan a desarrollarse en condiciones, debido a que acaban ensombrecidas por la trama principal. Además, las motivaciones del villano, una vez reveladas, provocan que la película se sienta como una versión muy descafeinada de la maravillosa Prisioneros, de Dennis Villeneuve. Finalmente, el tercer acto se ve perjudicado por errores garrafales de guión y por conveniencias que harán que cualquier espectador mínimamente atento ponga los ojos en blanco.




Si, pese a todo, Redención logra sostenerse e incluso captar la atención del espectador, es gracias principalmente a dos factores: el primero, y sin lugar a dudas, es la dirección de fotografía de John Andreas Andersen. Pese a que la dirección de Hans Petter Moland (sustituto de Mikkel Nørgaard, director de las dos predecesoras de esta cinta) es funcional pero no ejemplar, la fotografía es una preciosidad, un trabajo visual que aprovecha al máximo los paisajes en los que se ambienta la trama. Gracias al juego de elementos y colores que plantea Andersen, y a la atmósfera que crea a través de su tratamiento visual, el film gana muchos enteros y resulta más ameno si cabe.

El segundo factor que beneficia a esta obra de Moland es el montaje, que presta una notable atención a los detalles y a la atmósfera. Pese a que, durante el primer acto, se juega a crear un tempo moderadamente lento, el trabajo de edición se asegura de que no perdamos detalle del progreso argumental y de mantener nuestra atención, gracias a un buen dominio del ritmo y del suspense. Y, pese a que he mencionado que la dirección de Moland no es una maravilla (de hecho, la primera escena es un tanto extraña en cuanto a encuadres y a ensamblaje, y en ocasiones se nota una cierta falta de visión de conjunto por su parte), logra crear unas cuantas escenas de acción y tensión espectaculares. Además, el desenlace y epílogo de la cinta plantean una reflexión, cuanto menos, de cierto interés, y están realizados con una emotividad que se agradece. Eso sí, muy cutre el uso ocasional de los efectos digitales, que se presentan para añadir en plano elementos como helicópteros, entre otros.

No obstante, tengo una última queja, y ésta última es la que creo que más lastra a Redención: su personaje protagonista, Carl Morck. No solo es un personaje que, al menos en esta entrega de la saga, resulta estereotípico y muy poco interesante, sino que además su intérprete, Nikolaj Lie Kaas, se pasa prácticamente toda la película con el ceño fruncido y un rostro que pretende transmitir una gran angustia interior, pero que acaba pareciéndose a la expresión de una persona con serios problemas de estreñimiento. Solamente en las últimas escenas del film se nota una evolución como personaje del protagonista, y Lie Kaas tiene ocasión de demostrar sus habilidades interpretativas como es debido.




El resto del reparto, pese a lo superficial y tópico de los personajes con los que tienen que trabajar, cumplen sin lucirse. Cada intérprete está en su lugar, defendiendo con soltura el papel que le toca ocupar dentro de la trama y logrando que nos sumerjamos en la trama, incluso perdonando los errores anteriormente citados del libreto. Cabe destacar también un buen trabajo a la hora de crear diálogos y de plantear interacciones entre los personajes, incluso presentándose adecuados toques ocasionales de humor que contribuyen a relajar la atmósfera.

Así que, resumiendo, Redención (Los casos del Departamento Q) es una cinta pasable y amena, un procedimental que logra ser tenso y mantener una buena atmósfera visual y narrativa. No obstante, se ve lastrada por un libreto que pretende ser profundo y reflexivo, pero que resulta algo pueril en su ejecución. Su falta de ambición la hace parecerse en demasía a un episodio de cualquier policíaco televisivo, y es una lástima, porque tras algunas capas de imperfección y mundanidad, podemos encontrar ideas muy interesantes que hubieran dado para un film muy superior, especialmente si los autores hubiesen querido jugar más a la provocación intelectual. Eso sí, la fotografía es una gozada, y no deja de ser una opción decente en cartelera, tanto si somos muy fans del cine negro como si nos chiflan las películas nórdicas.



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