ESA SENSACIÓN






Titulo: Esa sensación
Director: Juan Cavestany, Julián Génisson, Pablo Hernando
País: España
Actores: Lorena Iglesias, Vito Sanz, Jorge Suquet, Miquel Insua, David Pareja, Pietro Olivera, Bárbara Santa Cruz, Juanan Lumbreras, José Luis Alcobendas, Carmela Lloret
Año: 2015
Crítico: Harkness



  


 Puntuación:





Esa sensación es el proyecto conjunto de tres cineastas españoles que han destacado en los últimos años por sus propuestas heterodoxas y a contracorriente, que algunos encuadran dentro de cierta tendencia entre los creadores audiovisuales que se ha venido a llamar “post-humor”, fundamentalmente entre un público más bien hipsteroso y madrileño. El significado de esta etiqueta no está muy claro, pero que en general se caracteriza por un sentido de la comedia disparatado y absurdo, capaz de general desconcierto y descoloque en el espectador.


Juan Cavestany es el autor de Dispongo de barcos, Gente en sitios y El señor, entre otras, un director que comenzó haciendo un cine muy convencional, narrativo (El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo) y con clara vocación “mainstream”, pero que se ha volcado últimamente en un cine de escasos medios y nula (por desgracia) distribución, donde el argumento ha ido desvaneciéndose cada vez más hasta llegar a plasmar un mundo raro, ilógico, pero extrañamente familiar, donde el espectador queda perdido para reencontrarse, tal vez, con sus angustias y preocupaciones más íntimas. Para reencontrarse consigo mismo frente a un espejo deformante.





Julián Genisson es uno de los autores de la no menos desconcertante La tumba de Bruce Lee y miembro del colectivo Canódromo Abandonado, que lleva estas características que venimos comentando del post-humor más lejos que ningún otro. Y finalmente, Pablo Hernando es otro cineasta joven y que tiene ya unas cuantas películas y cortometrajes en su haber, como Berserker, Cabás y Agustín del futuro, del cual no tengo el gusto de conocer ninguna.


Hemos hablado más de Cavestany que de sus dos secuaces, sin embargo, la película que nos ocupa es tan obra de uno como de los otros. Son tres las historias que componen la película, sin llegar a unirse en ningún momento, no se trata de capítulos independientes, sin embargo, sino que están concebidas con la voluntad de tener algún tipo de nexo común. La gracia del asunto es que cada uno de los directores escribió por su cuenta una historia y la rodó, para finalmente hacer la película entera entre todos mediante el montaje. Proyecto singular y arriesgado, pues, sorprende que cada uno de ellos comparta, de alguna manera, una estética (a veces un poco más feísta, por momentos más elaborada) y unas ideas comunes, pues el resultado final es muy homogéneo y nadie diría que ha sido realizado por tres personas distintas.




No quiero contar mucho de la película, pues perdería gran parte de la gracia si lo hiciera (no por cuestión de spoilers, más bien porque es mejor enfrentarse a ella virgen, por decirlo de alguna manera, y dispuesto a encontrarse con cualquier cosa). Únicamente, y para quien quiera saberlo, diré de qué tratan las historias: una mujer solitaria emprende romances apasionados con el paisaje urbano, un virus que obliga a la gente a decir cosas que no vienen a cuento de nada va contagiándose de unos a otros, y por si fuera poco, un hombre es espiado por su hijo debido a una extraña conducta relacionada con ir a misa.

Sin más, os dejo una pequeña entrevista rápida con los directores (me limito a reproducir aproximadamente sus respuestas):



Somier: Pregunta que va sobre todo dirigida a Juan (Cavestany) ¿Tus películas parten de un intento deliberado de provocación, o simplemente te sale así?

J. Cavestany: Pues la verdad es que no tengo ninguna intención deliberada de provocar al espectador, no sé por qué me preguntas eso...


Somier: Hombre, hay que reconocer que no son películas para nada convencionales, que lo más normal es que el espectador se sorprenda, incluso que pegue un salto en el asiento


J. Cavestany: Puede ser... sin embargo, mis películas no tienen ese intento de provocación, no lo veo, o tal vez puede que sí, puede que no, no veo incompatible una cosa con la otra, en cualquier caso así es como me salen a mí


Somier: ¿Cuál ha sido el proceso creativo?


J. Cavestany: La película la hemos realizado de manera independiente cada uno, ha sido al final, a la hora del montaje, cuando hemos juntado lo que teníamos y le hemos dado forma a la película tal y como la has visto ahora, partiendo de unas situaciones de guión ideadas por nosotros mismos


Somier: Querría saber vuestra opinión, más que nada por curiosidad, sobre algo que suele verse mucho por internet. Cuando se comenta una película poco convencional y que se sale un mínimo de lo que cualquier espera, de planteamiento, nudo y desenlace, siempre sale a relucir el mismo adjetivo, “lynchiana” ¿Creéis que referirse a David Lynch como sinónimo de raro, onírico, etc. ha acabado por convertirse en un tópico más?


J. Genisson: Sin duda, yo creo que hay varios cineastas muy referenciales que todo el mundo tiene en mente, que han sido muy influyentes, de ahí que todo tienda a ser comparado con el trabajo de ellos. Es como cuando alguien hace una película de estética cercana al cómic, al cine de serie B, etc. y se le pone la etiqueta de tarantiniano.


P. Hernando: ¡Como si fuera tan fácil imitar a David Lynch!


J. Cavestany: Eso digo yo, David Lynch es alguien que nos gusta a todos, todos admiramos sus películas, sin embargo, no tiene por qué hacer una referencia directa... además, ese halo de raro que tiene, seguro que mucho de lo que hay en sus atmósfera contiene algo de humor y de ligereza


Somier: ¿Vosotros pensáis que el cine actual ha perdido peso en favor de otros formatos de ficción, como por ejemplo, la series de televisión? ¿Sería posible que ahora mismo una película tuviera tanta influencia en la vida cotidiana como, por ejemplo, Rebeca, que allá por los años 40 logró darle nombre a una prenda de vestir?


J. Genisson: Yo creo que es un hecho. De todas formas, quién sabe, es posible que se logre un éxito tal que también consiga pasar a nombrar una prenda de vestir. Mira por ejemplo el éxito de Ocho apellidos vascos.


P. Hernando: Pues yo creo que, efectivamente, el cine ahora mismo está pasado de moda


Somier: Por otra parte ¿Creéis que el cine ha sido, de algún modo, “invadido” por otros medios audiovisuales?


J. Genisson: De eso no hay duda, youtube [Nos comenta aquí algo sobre un proyecto audiovisual de youtube sobre un conductor de autobús que va todo loco, mientras están todos los pasajeros acojonados]


Somier: Una última pregunta ¿Cuál es la importancia que le concedéis a la técnica cinematográfica?

J. Cavestany: He intentado concederle una importancia mayor, más o menos como hacía en mis primeras películas, y al contrario que en las últimas


Somier: Que tenían una estética más amateur


J. Cavestany: Sí, pero aquí he querido darle más empaque, lo que no sé es si lo habré conseguido


Somier: Yo noto una homogeneidad mucho mayor en la estética de la película, si la intención era que cada segmento pareciese de un sólo director, en general lo veo logrado. En cualquier caso, gracias a los tres por la entrevista y enhorabuena, sin duda habéis logrado transmitir “esa sensación”.


 (Imagen tomada del festival "D'a" de Barcelona)



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La venganza de Jane









Título: La venganza de Jane
Título original: Jane got a gun
Director: Gavin O´Connor
País: USA
Actores:Natalie Portman, Joel Edgerton, Ewan McGregor, Rodrigo Santoro, Noah Emmerich, Boyd Holbrook, Todd Stashwick, River Shields, Jacob Browne, Sam Quinn
Año: 2016
Duración: 98'
Crítico Colaborador: G.Pérez

Valoración:





Del cineasta de la magnífica Warrior,  nos llega una historia del oeste que de venganza tiene poco... 

Jane (Natalie Portman) es una esposa y madre que vive en una casita alejada en pleno oeste americano. Todo es tranquilo hasta que su marido Ham (Noah Emmerich) regresa con varios balazos y con una advertencia: una amenaza de su pasado común sabe dónde están y van a por ellos. Con su marido incapacitado para poder huir, decide hacer frente a la banda de forajidos de McCaan (Ewan McGregor) en su casa. Para ello, pedirá ayuda a Dan Frost (Joel Edgerton) un hombre con quien también tuvo una historia común y el presente y pasado de ambos se volverán a cruzar en espera de la llegada de McCaan...



Creo que lo primero casi obligatorio que hay que decir de esta cinta es que engaña. Cuando tú piensas en una historia de venganza, esperas encontrarte con que la protagonista va en busca de los malhechores que han matado a su marido como en cualquier buena historia de venganza. De hecho ya no es solo el título, sino hasta el propio trailer te lo da a entender. No deja de ser algo curioso, cuando te encuentras que en realidad es al revés y es la banda de McCaan la que busca vengaza contra Ham y por ende Jane.



Ya hablando de la película, hay que decir que resulta entretenida, tiene buen ritmo y ayuda mucho esos noventa minutos que dura ya que en estos tiempo parece obligatorio que una cinta dure más de dos horas. Pero tiene algunos problemas (que tampoco son muchos) que al final el director no consigue apaliar. Por un lado, se encuentra el excesivo número de flashbacks que mete que no sólo en ciertos momentos resultan innecesarios ya que los cuentan más adelante en una conversación, sino que además, al repetirse varias veces, te sacan de la historia principal que quieren contar que es el vicio que suele ocurrir cuando se usa los flashbacks de forma excesiva (ya le ocurrió algo parecido a Deadpool). Y por otro lado, está la poca valentía por parte del equipo responsable, cayendo en el cliché y en la simplicidad de contentar al espectador. La tónica de la película, buscaba otro devenir de acontecimientos que al final no se produce. Mientras que en Slow West consiguen dar con la tecla en este sentido, en La venganza de Jane queda todo muy descafeinado y artificial a causa de no dar a la historia la crueldad y el tono gris que requería.



En cuanto al reparto, no hay nadie que desentone haciendo personajes bastante sobrios y convincentes. Quizás la nota freak la dé Joel Edgerton ya que tendrá sentimientos encontrados: volver a trabajar con el director que le llevo al estrellato encarnando a Brendan Conlon; y reencontrarse con Natalie y Ewan que ya había trabajado con ellos en Star Wars como el tío Owen saga que dentro de su intrascendente papel, le dio la oportunidad de tener una cara reconocible en el mundillo del cine. Sin duda, un gran actor que se ha ganado con su esfuerzo ser un rostro reconocible en el panorama actual.

No se podrá decir que La venganza de Jane sea la mejor película de Gavin O'Connor pero sí tiene aspectos positivos que viendo el panorama actual de la cartelera, haga que merezca la pena echarle un vistazo 




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Capitán América: CIVIL WAR






Titulo: Capitán América: CIVIL WAR
Director: Los Hermanos Russo
País: Estados Unidos
Actores: Chris Evans, Robert Downey Jr., Scarlett Johansson, Sebastian Stan, Anthony Mackie, Don Cheadle, Jeremy Renner, Chadwick Boseman, Paul Bettany, Elizabeth Olsen, Paul Rudd, Emily VanCamp, Tom Holland, Daniel Brühl, Frank Grillo, William Hurt, Martin Freeman, Marisa Tomei, John Kani, John Slattery, Alfre Woodard, Stan Lee, Heidi Moneymaker, Gene Farber, Florence Kasumba
Año: 2016
Duración: 124'
Crítico Colaborador: EL CANAL RANDOM




Hoy, la crítica de la pelicula mas esperada de Marvel, viene de manos de nuestros amigos de EL CANAL RANDOM, .













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TRUMBO: LA LISTA NEGRA DE HOLLYWOOD


 


Titulo: Trumbo: La lista negra de Hollywood
Título original: Trumbo
Director: Jay Roach
País: Estados Unidos
Actores: Bryan Cranston, Diane Lane, Helen Mirren, John Goodman, Elle Fanning, Louis C.K., Michael Stuhlbarg, David James Elliott, Roger Bart, J.D. Evermore, Mark Harelik, Peter Mackenzie, Toby Nichols, Becca Nicole Preston, Elijah Miskowski
Año: 2015
Duración: 124'
Crítico Colaborador: Horacio Applegate



Puntuación





No resulta habitual que la vida de un guionista suscite el suficiente interés como para ser trasladada a la gran pantalla en forma de biopic, pero si ese guionista es Dalton Trumbo la atención parece más que justificada. Eso al menos debió pensar Jay Roach, encargado de llevar a territorios propios de la ficción la trayectoria vital y profesional del que llegó a ser el escritor mejor pagado del Hollywood de la época y haciéndolo, además, de manera más que satisfactoria.

La película, ideal para ser proyectada en sesión doble junto con el documental Trumbo y la lista negra de Peter Askin, apuesta por unos cánones narrativos bastante convencionales, hasta el punto de respetar la cronología de los hechos, pero este voluntario alejamiento de cualquier riesgo formal no resta ni un ápice de emoción a la propuesta, que recrea muy convincentemente una de las más ominosas etapas de la historia reciente de EE.UU, cuando un puñado de inquisidores, amparados bajo el manto de ciertos miedos colectivos convenientemente azuzados, se dedicaron a cercenar las libertades civiles y condenar al ostracismo laboral a millares de trabajadores de la industria cinematográfica por el simple hecho de su militancia política presente o pretérita. Mccarthismo se llamó a esta ignominia y Trumbo fue una de sus víctimas más reputadas.





Así, entre silencios cómplices y miradas hacia otro lado, una decena de exitosos profesionales (The Hollywood Ten) dieron con sus huesos en la cárcel por desacato ante el denominado Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC) y centenares más pasaron a engrosar las listas negras con las que el poderoso sistema de estudios castigó cualquier vínculo con el Partido Comunista (CPUSA), comprometiéndose a no contratar a nadie que no se hubiera retractado públicamente de su filiación o colaborado amistosamente con el Comité, eufemismo que incluía la delación de compañeros. Pocos fueron los que lograron mantenerse firmes en sus convicciones y muchos más los que sucumbieron a las presiones, acuciados por las deudas y la inactividad.

Este escenario de infundios y sospechas nos es mostrado muy acertadamente a través de la figura de Trumbo, su caída en desgracia y como ello afecta a su vida familiar y social. Especial énfasis se pone en las consecuencias económicas y emotivas del proceso, con un protagonista que pasa de la absoluta opulencia (motivo de contradicciones ideológicas también abordadas) a ciertas estrecheces que minan la estructura familiar, sostenida gracias a la labor conciliadora de su esposa (una estupenda Diane Lane).

En el plano estrictamente profesional, resulta muy interesante ver como Trumbo, una vez fuera de la cárcel, se las ingenió para burlar el boicot al que estaba siendo sometido gracias a su estajanovista capacidad de trabajo, escribiendo de manera compulsiva guiones que firmaban otros autores no señalados políticamente o haciéndolo bajo distintos seudónimos, por los que percibía remuneraciones muy inferiores a su calidad y prestigio. En este sentido, sus servicios para la factoría de subproductos King Brothers Productions nos dejan algunos de los momentos más hilarantes de la película, con John Goodman al frente de una compañía que no duda en mantener en nómina a todos los laureados proscritos reclutados por Trumbo, abocados ahora a escribir historias con alienígenas, gorilas y chicas ligeras de ropa.





Uno de los grandes aciertos del film es la naturalidad con la que se ensamblan en la historia personajes del porte de John Wayne, Sam Wood, Louis B. Mayer, la víbora Hedda Hopper, Edward G. Robinson, Kirk Douglas u Otto Preminger, entre muchos otros. Algunos de ellos, como el sempiterno héroe americano o la viperina columnista cotilla (magistral Helen Mirren) del lado inquisidor y ultraconservador. Otros, como los dos últimos, dispuestos a poner fin al detestable sistema de listas negras y a dar visibilidad a sus componentes. Y entre medias, una gran estrella como Edward G. Robinson, en el que resulta ser uno de los retratos más inmisericordes de la película.

Son muchos los pasajes o escenas vibrantes: esos dos Oscar por Vacaciones en Roma y El bravo que no puede recoger por no llevar su firma, la reacción del productor Frank King cuando un esbirro del sindicato le amenaza si no despide a Trumbo, la estrecha relación del protagonista con su compañero Arlen Hird, mucho más ideologizado que él… Pero especialmente hermosa es la escena en la que Trumbo asiste al estreno de Espartaco en compañía de su esposa y como se ponía fin a una larga injusticia, apareciendo su nombre en los títulos de crédito.





Mención aparte merece el colosal trabajo de Bryan Cranston metiéndose en la piel de Trumbo, lo que le valió una nominación al Oscar que se nos antoja justísima.

Puestos a poner alguna pega, solo atisbo un par de flaquezas menores en la que para mí es una de las mejores películas de lo que llevamos de 2016: un cierto deslizamiento hacia la sensiblería a la hora de tratar el ámbito familiar y el esquematismo con el que se despacha a algunos secundarios que quizá podrían haber dado más juego. Menudencias absolutamente perdonables en una pieza mayúscula que nos acerca un periodo oscuro relativamente reciente, un tiempo de canallas (en palabras de Lillian Hellman, otra víctima de la caza de brujas) en el que algunos como Dalton Trumbo optaron por conservar la dignidad, mientras otros preferían salvar sus piscinas (Orson Welles dixit).



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Toro










Titulo: Toro
Director: Kike Maíllo
País: España
Actores: Mario Casas, Luis Tosar, José Sacristán, Ingrid García Jonsson, Claudia Vega, Nya de la Rubia, Ignacio Herráez, José Manuel Poga, Manuel Salas
Año: 2016
Duración: ____'
Crítico ColaboradorDavid Hidalgo

 Valoración:





El thriller español está pasando por una etapa dorada desde hace muchos años. Y es que, en menos de una década, hemos recibido en nuestras carteleras películas tan logradas y exitosas como Celda 211, Los Ojos de Julia, El Cuerpo, Buried (Enterrado), No habrá paz para los malvados, Mientras duermes, Hijo de Caín, El Desconocido o La Isla Mínima, entre muchas otras. Lo que estas obras tienen en común es que, ante todo, son obras con una cinematografía muy cuidada, una notable atención por el detalle por parte de sus autores, un trabajo actoral muy destacable y, finalmente pero no menos importante, un tratamiento visual y narrativo mucho más cercanos al cine extranjero que a la sensibilidad patria.

Personalmente, mis expectativas eran altas hacia lo nuevo del cineasta barcelonés Kike Maíllo. Pese a que ese branded content nada encubierto que fue el mediometraje Tú y yo (2014) me desagradó profundamente, principalmente por ser un videoclip de una hora a mayor gloria de David Bisbal, su opera prima Eva (2011) es un film interesante, visualmente logrado (especialmente en todo lo relativo a la cinematografía y a un exquisito trabajo de posproducción) y con ideas resaltables. Además, las primeras noticias que se filtraron sobre Toro (2016), así como los primeros trailers y avances, resultaban prometedores.

Así pues, ¿ha satisfecho mis expectativas el segundo largometraje de Maíllo? Sí y no.

Pero comencemos por lo básico: el argumento. En este caso, se trata de una trama sencilla de comprender y de seguir: Toro (Mario Casas) es un sicario que trabaja para el peligroso Romano (José Sacristán) junto a sus dos hermanos, entre ellos el truhán López (Luis Tosar). Toro quiere dejar el negocio, pero acaba con sus huesos en la cárcel. Cinco años después, una serie de acontecimientos ponen en peligro a López y a su hija Diana (Claudia Vega), cosa que trastoca la reinserción de Toro y su pacífica vida con su novia (Ingrid García Jonsson). A partir de ahí, comienza un trepidante juego del gato y el ratón entre el malvado Romano y Toro y López.

Todo esto es un esquema de lo más clásico, mil veces visto en anteriores thrillers de acción de todas las procedencias. En ese sentido, cumple y da lo que promete: una cinta de intrigas, traiciones y persecuciones de lo más formulaica. No obstante, quien quiera algo más que esto quedará, en mi opinión, decepcionado. Y es que más allá de una primera escena brillante, que capta la atención del espectador inmediatamente, y de un prólogo logrado a nivel de puesta en escena, interacción entre personajes y presentación de un conflicto, la película cae en territorio conocido. Eso sí, después de una secuencia de títulos de créditos que, aunque muy lograda y vistosa, resulta irrelevante e incluso chirría en el conjunto del film. Parece un añadido, un parche más apropiado para una serie de televisión que para un largometraje cinematográfico.


Kike Maíllo hace cuanto puede por dar enjundia a un libreto que apuesta jugando sobre seguro, potenciando una serie de elementos interesantes que la historia contiene. El primero y más obvio de todos es que, ante todo, más que una historia de dos hermanos reconciliándose y conociéndose mejor en medio de un baño de sangre, y más que una típica y tópica historia de vendetta personal, es una tragedia griega en el más amplio de los sentidos. A fin de cuentas, todos los elementos correspondientes a este género narrativo pueden encontrarse en esta película: el oráculo, el personaje villanesco que intenta burlar a su destino, profecías autocumplidas, relaciones familiares de lo más tormentosas, un pasado que regresa para atormentar y redimir al personaje protagonista…

Este enfoque creativo, así como el peso que tiene la cultura sevillana en el look and feel de la película, acaba siendo la tabla de salvación de lo que podría haber acabado convirtiéndose en un film de lo más mundano. Además, Maíllo acierta con el tempo de la trama: Toro dura poco más de una hora y media, un metraje adecuado que se agradece, ya que de haber sido más larga hubiera resultado pesada. Esto permite al director imprimir un pulso firme, así como lograr que el ritmo narrativo y el interés del espectador no decaigan en prácticamente ningún momento, pese a las numerosas licencias creativas que se toma el guión y que ponen en más de una ocasión la credibilidad de la trama.

En cuanto al reparto, esta película pertenece, sin lugar a dudas, a Tosar y a Sacristán. Mientras que Tosar saca petróleo de un personaje que, en manos de otro intérprete, hubiera resultado repulsivo, Sacristán se deleita en toda la maldad del villano de la función. Ambos se comen con patatas al protagonista, un Mario Casas que se limita a cumplir con un aprobado raspado. Casas es un intérprete que ha demostrado, a lo largo de su trayectoria, capacidad de evolución interpretativa, así como un buen ojo a la hora de elegir roles y, sobre todo, muchas ganas y esfuerzo. Precisamente por eso, y especialmente después de su implicación demostrada en Palmeras en la nieve (2015), sorprende verle tan desganado en un personaje tan atormentado como es el de Toro. Así pues, desperdicia la mayor parte de sus momentos emotivos, manteniéndose en un molesto piloto automático que resta verdad y carisma a su personaje.

Por otro lado, hay ocasionales secundarios que brillan, como el sicario Ginés (José Manuel Poga) o la vidente La Tita (Luichi Macías), mientras que otros resultan algo deslucidos, no tanto por sus intérpretes sino por el escaso peso que tienen en el desarrollo de la trama. Tal es el caso de dos personajes femeninos, como son Estrella (la novia de Toro) o Isabelita (Nya de la Rubia, a quien hemos visto recientemente en Mar de Plástico). Huelga decir que Diana es un personaje muy interesante, pero algo desperdiciado en última instancia, tanto por el hecho de que la película no parece saber muy bien cómo encajarla en la trama en alguna que otra escena, como por el hecho de que la joven actriz Claudia Vega la interpreta de una manera demasiado pasiva a mi parecer, incluso diríase que falta de pasión.

Y en lo referente al apartado técnico, Toro da dos de cal y una de arena. Para que nos entendamos: mientras que la dirección de Maíllo es competente la mayor parte del tiempo, pierde bastante el norte en lo referente a escenas automovilísticas, destacando (negativamente) en ese aspecto una persecución rodada sin una buena planificación, con saltos de eje, un montaje algo confuso, decisiones muy extrañas en cuanto a encuadres utilizados, e incluso efectos un tanto casposos como acelerar la imagen para que parezca que los coches van más rápidamente. Este tipo de “fallos” denotan, o bien que el presupuesto fue tan ajustado o el rodaje tan accidentado que no tuvieron opción para rodar en mejores condiciones este tipo de set pieces, o bien que a Maíllo todavía le quedan unos cuantos proyectos para coger mayor soltura en lo que a dirección de acción se refiere.



No obstante, la dirección de fotografía de Arnau Valls Colomer es sencillamente ejemplar, con un tratamiento del color de lo más expresivo. Esta cinematografía aporta un mayor valor añadido al film, e incluso contribuye a mejorar determinadas escenas a nivel dramático. Además, el montaje, aunque no perfecto (especialmente en lo relativo a escenas más trepidantes), imprime al film de un ritmo sostenido y muy entretenido. Por otro lado, la banda sonora de Joe Crepúsculo no está carente de virtudes, pero acaba resultando pesada y un tanto repetitiva.

En conclusión, Toro es un pasatiempo de lo más correcto, bien ejecutado pero poco memorable. He echado muy en falta un mayor riesgo, una mayor ambición por aportar algo nuevo y distintivo al género al que pertenece. La nueva propuesta de Kike Maíllo es entretenida y competente, pero queda lastrada por un libreto al que le han faltado una o dos revisiones, así como por el afán de querer rodar un producto de consumo agradable pero que no deja una impronta perdurable. Aun así, es una buena opción para los/las amantes del cine de género español.

LO MEJOR: Luis Tosar disfrutando de su personaje como un condenado, y José Sacristán componiendo un villano ejemplar, intimidante y peculiar al mismo tiempo; la intachable dirección de fotografía; el tratamiento que Maíllo imprime a la película, entre la tragedia griega, el spaghetti western, el thriller setentero y la intriga coreana, todo esto sin perder de vista el folklore sevillano y toda la idiosincrasia que le rodea;


LO PEOR: La constante sensación de “Esta película ya la he visto mil veces” que desprende esta obra durante casi todo su metraje; el hecho de que entretiene y cumple, pero no destaca; que Mario Casas se pase la inmensa mayoría de sus escenas en piloto automático; ciertos errores en la planificación de Maíllo en las escenas de acción; y unas cuantas licencias que se toma el guión para salir de ciertos callejones sin salida.



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El libro de la selva









Titulo: El libro de la selva
Título original: The jungle book
Director: Jon Favreau
País: USA
Actores: Neel Sethi, Bill Murray, Ben Kingsley, Idris Elba, Lupita Nyong'o, Scarlett Johansson, Giancarlo Esposito, Christopher Walken, Garry Shandling
Año: 2016
Duración: 105'
Crítico colaborador: Mary

Valoración:





El libro de la selva: Jungla en 3D

Ha pasado casi medio siglo del estreno de la original, y ya que está de moda versionar los clásicos, pues tocaba El libro de la selva. Y viene dirigida por Jon Favreau, un tipo curtido en lides de acción y en Disney, sí, pero de superhéroes (y bueno, en Chef también). El también actor se pone detrás de la cámara y consigue hacer un más que decente homenaje a la cinta.

El film se moderniza. El 3D es sobresaliente y casa la fotografía con los efectos digitales de una manera bellísima. De hecho embelesa y en algunos momentos se hacen creíbles los peligros y misterios que aguarda la jungla. La historia se inspira en el texto de Rudiard Kipling, y el mensaje que se lanzó también en la primera se mantiene: las inseguridades ante los desconocido, las injusticias, el respeto, la amistad, todo convertido en una fábula con varias moralejas. Y contando con varios chascarrillos que amenizan los 110 minutos que dura, un metraje considerablemente largo para lo que la casa del ratón nos tiene acostumbrados. Y menos mal – sí, es de agradecer- que no han abusado de momentos musicales. Versionan dos reconocidos temas de la anterior y los insertan muy hábilmente.

Cierto es que pese a sus dos horas de duración, no ahonda en su argumento y todo pasa por encima: el miedo al hombre y al temido fuego (mejor dicho, la flor roja), la despedida de Mowgli de su familia adoptiva, o el enfrentamiento ante el rey mono (ya saben, “el rey del rasagogo 
y el más mono rey del swin”), una escena descomunal. En la actualizada versión, en ese enfrentamiento prima el miedo y la acción y hay menos espacio para las tontadas de primates. Que el entretenimiento prevalezca sobre el mensaje.

Quien tenga la posibilidad de verla en versión original, escuchará a Bill Murray, Ben Kingsley, Lupita Nyong'o, Scarlett Johansson, Cristopher Walken y a unos cuantos más, que con su experiencia acompañan al joven protagonista Mowgli, Neel Sheti, que se desenvuelve bien entre tantos animales/efectos visuales de primera.

Para los nostálgicos, para los niños grandes, para padres e hijos, he ahí un clásico para todos los públicos.



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Victor Frankenstein








Titulo: Victor Frankenstein
Título original: Victor Frankenstein
Director: Paul McGuigan
País: USA
Actores:Daniel Radcliffe, James McAvoy, Jessica Brown Findlay, Mark Gatiss, Andrew Scott, Louise Brealey, Alistair Petrie, Daniel Mays, Freddie Fox, Adrian Palmer, Adrian Schiller, Spencer Wilding
Año: 2015
Duración: 109'
Crítico colaborador: Admiral Ackbar

Valoración:



   

“Ya conoces la historia del monstruo, ahora te contaré la historia del hombre…”

El martes pasado me tocó cubrir la última película de Paul McGuigan, Victor Frankenstein, que supone una nueva vuelta de tuerca sobre uno de los mayores iconos tanto de la novela, como del cine de terror junto con Drácula y el Hombre Lobo. Me refiero como no al dueto formado por el Dr. Victor Frankenstein y su criatura.

En esta ocasión, y según la moda imperante, la película nos llevará a los orígenes del monstruo, a su concepción misma y a los motivos que llevaron a Igor y a Victor a llevar a cabo semejante tarea, desde la perspectiva y narración del eterno esbirro jorobado. Amor, amistad, codicia y soberbia bien mezclados nos da la clásica y manida historia de telefilme precocinado para pasar el rato, con triangulo amoroso incluido.

Como película, el comienzo promete. Dentro de ciertas absurdeces e incongruencias como que Igor sea el médico del circo donde trabaja por el mero hecho de haber estado leyendo unos libros de anatomía hasta el punto de reconocer una fractura de clavícula con solo observar a la trapecista herida o que sea por ello mismo odiado y despreciado por sus compañeros circenses que servirán para justificar el desarraigo que sufrirá el co-protagonista, interpretado por Daniel Radcliffe, al poco tiempo nos encontramos con un comienzo trepidante digno de las películas de Sherlock Holmes y
Sherlock Holmes: Juego de sombras y que te hacen creer que esta película va seguir un ritmo similar, pero que por desgracia se deshinchará tan pronto como Victor e Igor lleguen a la casa de este último, siendo sustituido por un intento de transmitir emoción con cada descubrimiento, sin ir más allá de la comedia involuntaria, en las escenas más tensas. (No digamos ya en las que se supone que son de sonrisa fácil). Una acción atropellada, aunque narrada y filmada con bastante más coherencia de la que cabria esperar visto como se van sucediendo las escenas, que desemboca en un final entre soso, predecible y repetido hasta la saciedad. Los actores intentan esforzarse con sus personajes y eso es algo a loar, especialmente la interpretación de James McAvoy, aunque al final y debido a la historia, no pasa de ser una versión hiperactiva del profesor Charles Xavier de X-Men, primera generación.

Realizada correctamente a la hora de desarrollar a un hombre consumido por sus ansias de superar a la muerte, pero sin pasar de ahí. De hecho, hasta los últimos 10 minutos, no sabremos al 100% sus motivaciones y el porqué de las mismas. En cuanto a la interpretación de Igor, es agradable ver que Daniel Radcliffe sabe hacer algo más que el plano y carente de expresividad Harry Potter al que nos ha tenido acostumbrados estos años (tampoco es que eso fuese muy difícil), aunque desde luego no es que sea la fiesta de la expresividad precisamente. La película acaba con un final tan esperado como evidente, con la pareja feliz formada por Igor y su amiga la trapecista Lorelei (Jessica Brown Findlay) sonriendo mientras leen una carta de despedida del doctor, en la que oiremos decir, con la voz de Victor, como su amistad ha sido la mayor de sus creaciones.

Película que, sin ser aburrida, resulta totalmente prescindible. La acción está llevado a cabo lo suficientemente bien como para no dormirte en la sala, pero no puedo decir más de ella. Comprendo que a estas alturas es muy difícil innovar en algo, pero quizás sea el momento de intentar crear un nuevo monstruo para el cine en vez de violar sistemáticamente a los ya creados. No creo estar pidiendo mucho.

-Lo hemos logrado amigo mío, esta criatura abrirá una nueva etapa del cine de monstruos
-¿Y no sería mejor pensar en crear un monstruo nuevo?
-Callese Igor



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REDENCIÓN (LOS CASOS DEL DEPARTAMENTO Q)





Titulo: Redención (Los casos del departamento Q)
Título original: Flaskepost fra P (A Conspiracy of Faith)
Director: Hans Petter Moland
País: Dinamarca
Actores: Nikolaj Lie Kaas, Fares Fares, Johanne Louise Schmidt, Jakob Oftebro, Pål Sverre Hagen, Lotte Andersen, Søren Pilmark
Año: 2016
Duración: 119'
Crítico Colaborador: David Hidalgo





Puntuación:







En primer lugar, debo admitir que me encantan los thrillers europeos, especialmente aquellos que nos llegan desde los países nórdicos. Tal vez sea por su forma de encarar el cine de género (con buen pulso y una enriquecedora aura de costumbrismo), por el tratamiento y la importancia que suelen dar a sus personajes, por las joyas que nos ha regalado este cine (incluyendo obras maestras como Déjame Entrar o la muy curiosa Headhunters), o bien, porque me fascina la fotografía que se consigue con los paisajes que se pueden encontrar en dichos países.

Dicho esto, debo decir que soy un gran desconocedor de la saga Los casos del Departamento Q. Se trata de una serie literaria escrita por Jussi Adler-Olsen, basada en seis libros, de los cuales tres se han adaptado a la gran pantalla, incluyendo la película que nos ocupa. Esto significa que ni he leído las novelas, ni he visto las dos entregas anteriores a Redención, tituladas Misericordia (2013) y Profanación (2014). Así pues, iba a ver esta cinta con la mente totalmente limpia, aunque también temiendo perderme elementos clave de la trama y de la construcción de los personajes en el camino.


Por suerte, esto no es así: pese a formar parte de un conjunto más grande, Redención plantea una presentación inicial de personajes que nos permite tener claro desde un principio qué rol jugará cada uno, así como su personalidad y sus rasgos distintivos. Esto nos permite introducirnos en la trama sin problema alguno. En ese sentido, el argumento es un tanto tópico: todo comienza con un mensaje escrito a mano por un niño, que es encontrado en una botella en alta mar. A partir de aquí, los detectives Carl Morck y Assad investigan el caso de una desaparición, que les acaba metiendo en un tira y afloja con un peligroso asesino en serie.

Suena tópico… y lo es. Nada en esta película resulta novedoso o especialmente impactante, salvo algunos detalles particularmente crudos (esas tijeras como arma del crimen…). Grosso modo, Redención es un procedimental entretenido y eficaz, pero que no destaca entre la enorme cantidad de cintas de intriga que se estrenan cada año en todo el mundo. En cierto modo, incluso se podría decir que, narrativamente, parece un telefilm de sobremesa, cosa que se ve reforzada por un tratamiento muy superficial hacia los personajes; cada carácter cumple una función específica dentro de la trama, pero son representados a través de estereotipos (policía traumatizado, compañero gracioso, la agente de Policía atractiva, el asesino en serie megalómano…) y nunca se llega a profundizar en ellos.

El film tiene ideas interesantes, e intenta plantear un debate filosófico entre razón y religión, contrastando el (aparente) nihilismo de Carl Morck con el ansia por creer de su compañero Assad. El problema es que estas ideas no llegan a desarrollarse en condiciones, debido a que acaban ensombrecidas por la trama principal. Además, las motivaciones del villano, una vez reveladas, provocan que la película se sienta como una versión muy descafeinada de la maravillosa Prisioneros, de Dennis Villeneuve. Finalmente, el tercer acto se ve perjudicado por errores garrafales de guión y por conveniencias que harán que cualquier espectador mínimamente atento ponga los ojos en blanco.




Si, pese a todo, Redención logra sostenerse e incluso captar la atención del espectador, es gracias principalmente a dos factores: el primero, y sin lugar a dudas, es la dirección de fotografía de John Andreas Andersen. Pese a que la dirección de Hans Petter Moland (sustituto de Mikkel Nørgaard, director de las dos predecesoras de esta cinta) es funcional pero no ejemplar, la fotografía es una preciosidad, un trabajo visual que aprovecha al máximo los paisajes en los que se ambienta la trama. Gracias al juego de elementos y colores que plantea Andersen, y a la atmósfera que crea a través de su tratamiento visual, el film gana muchos enteros y resulta más ameno si cabe.

El segundo factor que beneficia a esta obra de Moland es el montaje, que presta una notable atención a los detalles y a la atmósfera. Pese a que, durante el primer acto, se juega a crear un tempo moderadamente lento, el trabajo de edición se asegura de que no perdamos detalle del progreso argumental y de mantener nuestra atención, gracias a un buen dominio del ritmo y del suspense. Y, pese a que he mencionado que la dirección de Moland no es una maravilla (de hecho, la primera escena es un tanto extraña en cuanto a encuadres y a ensamblaje, y en ocasiones se nota una cierta falta de visión de conjunto por su parte), logra crear unas cuantas escenas de acción y tensión espectaculares. Además, el desenlace y epílogo de la cinta plantean una reflexión, cuanto menos, de cierto interés, y están realizados con una emotividad que se agradece. Eso sí, muy cutre el uso ocasional de los efectos digitales, que se presentan para añadir en plano elementos como helicópteros, entre otros.

No obstante, tengo una última queja, y ésta última es la que creo que más lastra a Redención: su personaje protagonista, Carl Morck. No solo es un personaje que, al menos en esta entrega de la saga, resulta estereotípico y muy poco interesante, sino que además su intérprete, Nikolaj Lie Kaas, se pasa prácticamente toda la película con el ceño fruncido y un rostro que pretende transmitir una gran angustia interior, pero que acaba pareciéndose a la expresión de una persona con serios problemas de estreñimiento. Solamente en las últimas escenas del film se nota una evolución como personaje del protagonista, y Lie Kaas tiene ocasión de demostrar sus habilidades interpretativas como es debido.




El resto del reparto, pese a lo superficial y tópico de los personajes con los que tienen que trabajar, cumplen sin lucirse. Cada intérprete está en su lugar, defendiendo con soltura el papel que le toca ocupar dentro de la trama y logrando que nos sumerjamos en la trama, incluso perdonando los errores anteriormente citados del libreto. Cabe destacar también un buen trabajo a la hora de crear diálogos y de plantear interacciones entre los personajes, incluso presentándose adecuados toques ocasionales de humor que contribuyen a relajar la atmósfera.

Así que, resumiendo, Redención (Los casos del Departamento Q) es una cinta pasable y amena, un procedimental que logra ser tenso y mantener una buena atmósfera visual y narrativa. No obstante, se ve lastrada por un libreto que pretende ser profundo y reflexivo, pero que resulta algo pueril en su ejecución. Su falta de ambición la hace parecerse en demasía a un episodio de cualquier policíaco televisivo, y es una lástima, porque tras algunas capas de imperfección y mundanidad, podemos encontrar ideas muy interesantes que hubieran dado para un film muy superior, especialmente si los autores hubiesen querido jugar más a la provocación intelectual. Eso sí, la fotografía es una gozada, y no deja de ser una opción decente en cartelera, tanto si somos muy fans del cine negro como si nos chiflan las películas nórdicas.



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