02 julio 2015

Aprendiendo a conducir



Título original: Learning to drive

Dirección: Isabel Coixet

País: Estados Unidos

Actores: Patricia Clarkson, Ben Kingsley, Grace Gummer, Sarita Choudhury, Jake Weber, Samantha Bee, Daniela Lavender, Matt Salinger, Michael Mantell

Año: 2014

Duración: 105'

Crítico: Harkness 




¿Qué ha sido de Isabel Coixet? La realizadora catalana procedente del mundo de la publicidad tuvo su momento de mayor éxito fue a comienzos de la década pasada, con películas como Mi vida sin mi o La vida secreta de las palabras. Cineasta de elevada sensibilidad y tacto para unos, perpetradora de un cine menopáusico y pagado de sí mismo para otros, el caso es que fue con su llegada a Hollywood cuando la popularidad de Coixet descendió, consiguiendo su thriller ambientado en Japón Mapa de los sonidos de Tokio un tibio recibimiento tanto de la crítica como del público. A partir de entonces, esta señora ha estado un tanto desaparecida, eso sí, sin dejar de trabajar, ya que en los últimos años ha sido bastante fecunda y ha abordado los géneros más diversos e inverosímiles (desde el drama histórico hasta el terror adolescente), en un desesperado intento por volver a calar entre la cinefilia.

Aprendiendo a conducir parece una vuelta de Coixet a las historias más cotidianas y menos pretenciosas, dosificando cuidadosamente el equilibrio entre drama y comedia. El argumento es el siguiente; una mujer madura (Patricia Clarkson) que se dedica a la crítica literaria, ve como su matrimonio hace aguas debido a las infidelidades de su marido. Decide entoces sacarse el carnet de conducir, lo que le lleva a entablar una peculiar relación con el taxista y profesor de autoescuela de origen indio (Ben Kingsley)... y como suele decirse, ya nada será igual que antes. Estamos, así pues, ante un esquema conocido y previsible; una extraña pareja, cuyas vidas se cruzan por azares del destino, dos personas que parecen no tener absolutamente nada que ver entre sí (un inmigrante en Estados Unidos, una neoyorkina de clase alta), y sin embargo su relación les ayuda a hacer frente a sus problemas.






El rollito que caracteriza a Coixet no desaparece ni un segundo, o sea, que continúa siendo la misma de siempre, con todos sus tics; a saberse, una hipersensibilidad impostada, un constante mensaje progre y multicultural, sobre mujeres sensibles e intelectuales enfrentadas a hombres muy malos que las abandonan por otras más jóvenes... por medio, nos encontramos con unas subtramas metidas un poco con calzador que le sirven a Isabel para ilustrar los problemas sociales que tanto le preocupan (inmigración ilegal, conflictos en el tercer mundo, diferencias culturales...). Eso sí, hay una buena noticia, o mejor dicho, dos buenas noticias; no hay ni una sola canción de Antony and The Johnsons en la banda sonora y nadie muere de cáncer terminal. Hay frases ingeniosas y pretendidamente punzantes, nuevamente un intento de poética urbana (aprender a conducir es como aprender a moverse en la vida) y cerca del final tenemos un sentimiento de haber visto ésto antes, una historia de amor insinuada y frustrada.

Los actores no destacan especialmente, pero son lo mejor de la función. La veterana Patricia Clarkson es una de esas intérpretes que aportan un plus de elegancia a cualquier cosa en la cual participe, por pequeño que sea el papel (al estilo, por ejemplo, de otra grande como es Helen Mirren). De Ben Kingsley (quien ya trabajó con Coixet en Elegy) puede decirse lo mismo, y se agradece verle en algo con menos pinta de ser el típico trabajo mercenario para ganarse el pan que hace este señor. Los dos se limitan a echarle desparpajo y naturalidad, y ya. La dirección, por su parte, no tiene nada de especial, excepto un par de momentos videocliperos que son un poco risibles (como el accidente que sufren los dos en medio de una tormenta).





En conclusión, otro título más de esta señora. Lo disfrutarán los acérrimos, y los que no, posiblemente no les parecerá desdeñable, ya que la susodicha (al menos en mi opinión) mejora cuando se limita a contar historias como ésta, en voz baja, y deja mudos a sus personajes en lugar de hacerles soltar acaramelados discursos.


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