13 junio 2013

Insensibles










Título: Insensibles
Director: Juan Carlos Medina
País: España
Actores: Àlex Brendemühl, Juan Diego, Tómas Lemarquis, Derek de Lint, Irene Montalà, Félix Gómez, Bea Segura
Año: 2012
Duración: 105'
Crítico colaborador: Mary

Calificación:




En busca de respuestas fantásticas

Hacía tiempo que no veía una película sobre la Guerra Civil española, con lo cual, el haberme topado de nuevo con un título sobre el tema no me ha llamado excesivamente la atención.
El sempiterno tema del cine español aparece en Insensibles, pero como telón de fondo. La trama esta vez no se centra en los enfrentamientos de fascistas y republicanos.

El primer largometraje de Juan Carlos Medina cuenta dos historias: la primera, al abrigo de los años treinta, en un pueblo catalán donde varios niños que no padecen dolor físico, son recluidos en un castillo reconvertido en clínica para ser estudiados. La segunda, más actual, presenta a David, un cirujano que tras un accidente descubre que tiene una enfermedad que sólo se cura con un trasplante de médula. Así se dispone a buscar a sus verdaderos padres, y en su camino le llevará a investigar sobre los hechos de ese misterioso “hospital”.




Alex Brendemühl, un gran actor que sabe envolver a sus personajes en una personalidad huraña y antipática, dota a David de un halo arisco y en extremo puzante. El joven Ilias Stothart se encarga de dar vida a Benigno también aporta matices del todo creíbles. Y Con una gran caracterización, Tomás Lemarkis da el pego como Berkano, el personaje más sui generis de la cinta.

Juan Diego resuelve bien su papel, al igual que Félix Gómez el suyo, aunque sean roles muy estereotipados. Bea Segura interpreta a la enfermera buena, con auténtico tino e inspiración.
Para tratarse de una ópera primera, merece un sincero reconocimiento, pues la producción, pese a caer en ciertos momentos en convencionalismos, está muy lograda y mantiene al espectador interesado, lo que hace que Medina se convierta en una de las nuevas promesas del cine.

David, cual Dante, hace su propio viaje a los infiernos en busca de respuestas, algo tan relevante para uno mismo, aunque a veces duela saber la verdad. Por ello, se adentra en heridas que se creían cerradas, todo con un ámbito de misterio.


La dirección artística es de lo más destacable de la cinta, azul y estática en la vida del médico, mientras que envuelve a los jóvenes pacientes con un estilo más turbio y lúgubre.

Muchos recordarán en Insensibles detalles de El laberinto del fauno, o incluso El bosque (también con Brendemühl) que hilaban la guerra con temas fantasiosos. Pero la presente no es una película de fantasía, sino que mezcla varios géneros: thriller que además de intriga aporta suspense, y con toques sobrenaturales, algo que le hace peligrar porque se la puede tildar de pretenciosa. Quizá abuse de jugar con los claroscuros en esa clínica donde están los niños retenidos, con un ambiente que parece que más que en celdas están en cavernas de siglos anteriores. También sobra el momento del bando nacional aniquilando al bando rojo, que no ofrece algo relevante a la narrativa. Pero lo demás, la sangre, la angustia y los efectos especiales están en su justa medida.

El desenlace se resuelve rápido y de una manera fantasiosa ante los ojos del espectador que espera ver algo más de miga, pero el título del film puede hace honor a la sensación que se queda tras ver lo que pasa.

Salvo ciertos ornamentos recargados, la historia se sigue muy bien. El guion no tiene grandes conversaciones trascendentales, pero lleva buen ritmo y sabe hacer buen uso de los giros.





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