30 octubre 2012

Skyfall



Director: Sam Mendes

País: EEUU 
Actores: 
Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Naomie Harris, Bérénice Marlohe, Albert Finney, Ben Whishaw, Rory Kinnear, Ola Rapace, HelenMcCrory
Año: 2012 
Duración: 143' 
Critico: Serdna 






Calificación: 


Mañana llega a nuestras salas ‘Skyfall’, la última película de la interminable saga del agente 007.

Las aventuras de este personaje, creado por el novelista Ian Fleming, llegaron por primera vez a la gran pantalla hace exactamente 50 años. Lo que empezó siendo una historia de intrigas algo psicodélicas en el marco de la Guerra Fría y con referencias a Hitchcock se acabó convirtiendo en una de las sagas más longevas de la Historia del cine y en toda una máquina de hacer dinero. Este despreocupado agente con licencia para matar ha conseguido llenar salas a lo largo de medio siglo, cosechando seguidores y detractores casi a partes iguales.

Los tiempos han cambiado, tanto el contexto como la moda ya no son los mismos que hace 50 años, de modo que a este mismo personaje le hemos visto cambiar de rostro y de estilo a lo largo de las décadas. Después del elegante y sesentero de Connery (remedo de Cary Grant) vino el de Roger Moore (al pobre Lazenby lo omitimos), el más hortera y autoparódico de todos, como no podía ser de otra manera en los 70. Atención a sus últimas películas, sólo faltaba que los Bee Gees fuesen los malos de alguna de ellas (oh, esperad, eso ya pasó en 'Superman 2').  Después vinieron los 80 y con ellos el Bond de Dalton, más sucio y violento que los anteriores, que pretendía adaptarse al cine de acción aquella década, convirtiéndose en una especie de Sonny Crockett (‘Corrupción en Miami’) británico. Y más tarde, en fin, el Bond de Pierce Brosnan que… bueno, no me preguntéis por sus influencias, ni idea sobre de dónde pudo salir el coche invisible o el norcoreano con transplante de ADN.



Antes de seguir, tal vez debería aclarar que no soy fan de 007. James Bond me parece que es como el carlismo, algo que en su momento pudo tener sentido pero que se ha ido alargando hasta convertirse en algo anacrónico y que en su esfuerzo por adaptarse a los nuevos tiempos, no ha conseguido sino perder su esencia. Desde hace ya tiempo, el personaje me parece que no es más que un hombre anuncio. Un personaje que pretende ser irresistiblemente atractivo y que parece estar diciendo constantemente al espectador “Quieres ser como yo, tienes que ser como yo, compra mi traje, compra mi coche, compra mi reloj, ¡compra, compra, compra!”. Pues lo siento por los fans más fetichistas, pero a mí en líneas generales me parece un personaje irritante. Mi Bond favorito siempre ha sido Roger Moore, sí, Moore, precisamente porque es el más chorra, el más hortera y parece reírse de sí mismo.

Por todo esto, me gustó bastante ‘Casino Royale’, la primera película del Bond de los 00, Daniel Craig. Básicamente era un intento de partir desde cero con una saga que parecía estar ya al borde del agotamiento, y de paso humanizar y desmitificar al personaje. Reconozco que esa moda que impera en el cine comercial del nuevo siglo de intentar que todo sea muy serio, muy oscuro y muy trascendental cansa bastante. Como todo, a veces funciona y a veces es pura impostura (como en el caso de esos piratas del Caribe tan serios y tan trascendentales ellos, que si no salvan el mundo y cumplen profecías dos veces al día, por lo menos, no se quedan tranquilos). En el caso del nuevo, James Bond, en mi opinión, funcionó. Impagable ese momento en que Craig se acerca a la barra del bar, pide un Martini con vodka y ante la pregunta del camarero sobre si lo quiere agitado o mezclado, responde con un “¿Tengo cara de que me importe?”. Por supuesto, los más fetichistas de la saga se tiraron de los pelos.



Después de ‘Casino Royale’, hubo una secuela sosa que pasó sin mucha pena ni gloria, ‘Quantium of Solace’. Tenía algunos aciertos, como el hecho de continuar con el argumento de la primera entrega, dándole así a la saga una continuidad que desde los tiempos de Connery brillaba por su ausencia. Pero un guión más bien débil y una trama rutinaria jugaron en su contra.

Ahora se estrena ‘Skyfall’, tercera entrega protagonizada por Craig y esta vez dirigida por Sam Mendes, director de ‘American Beauty’ y ‘Camino a la perdición’. Se estrena justamente en el 50º aniversario de la saga, y sin duda será una película que marcará un hito dentro de la franquicia. Bajo la dirección competente y elegante de Mendes, la película se convierte en una especie de homenaje a toda la saga, con unos cuantos guiños a anteriores etapas de la saga, pero sin llegar a resultar forzados.

Con sus casi dos horas y media de metraje, ‘Skyfall’ es una montaña rusa divertidísima que podríamos dividir en dos partes: Antes de Javier Bardem y después de Javier Bardem. Porque el actor patrio es el nuevo fichaje de esta entrega y, señoras y señores, es lo mejor de la película. Su villano estrafalario y delirante, en la línea de los malos excéntricos etapas anteriores, pero en mi opinión, mucho más autoconsciente, se hace esperar, pero cuando aparece, se convierte en la estrella de la película. No quiero revelaros nada, pero para que os hagáis una idea de lo grotesco que resulta el personaje, os he hecho un esquema:



Como ha pasado siempre con esta saga, toda película es hija de su tiempo y recibe muchas influencias de las modas del momento. En este caso, si hubiese que rastrear las referencias de ‘Skyfall’, afirmaría sin duda que es heredera casi directa de la trilogía de Batman de Christopher Nolan.

Después de la decepción de ‘Quantum of Solace’, esta tercera entrega rompe con la continuidad de las dos anteriores y cuenta una historia nueva, en la cual Bond deberá enfrentarse a un misterioso personaje que busca vengarse de M (de nuevo Judi Dench) y todo el MI6. La primera mitad de la película es una elegante aventura de espionaje, con los habituales escenarios exóticos de la saga, como Estambul, Hong Kong o Macao. La segunda mitad, es puro espectáculo. Con un Javier Bardem convertido en una desquiciada y amanerada máquina de matar sembrando el caos en Londres. Y para terminar, uno de los clímax más atípicos de toda la saga, buceando en los orígenes de James Bond (a quien convierten en natural de Escocia, como guiño a Sean Connery), dando bastante protagonismo al personaje de Judi Dench, a modo de despedida, pues la veterana actriz abandona la saga tras esta entrega. Y con una traca final a medio camino entre ‘La jungla de cristal’ y ‘Solo en casa’.

En definitiva, una película de acción extravagante y divertida, lo suficiente como para gustar a aquellos que no sean demasiado aficionados al personaje, pero al mismo tiempo cargada de guiños y referencia a anteriores entregas, que seguramente disfrutarán los más fieles. Todo ello demuestra que con un buen guión, alguien competente tras la cámara y un reparto como éste, no importa lo sobado que esté el personaje. 



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