Spider-Man: Lejos de casa





Título: Spider-Man: Lejos de casa
Título original: Spider-Man: Far from home
Dirección: Jon Watts
País: EEUU
Actores: Tom Holland, Zendaya, Jacob Batalon, Jake Gyllenhaal, Marisa Tomei, Michael Keaton, J.B. Smoove, Jon Favreau, Samuel L. Jackson, Cobie Smulders, Angourie Rice, Davina Sitaram, Martin Starr, Remy Hii, Tony Revolori, Numan Acar, Samantha Mishinski, Hemky Madera, Eric Patrick Cameron, Ruth Horrocks, Joseph Long, Jeroen van Koningsbrugge, Sonia Goswami, Peter Bankole, Emily Ng, Giada Benedetti, Hiten Patel, Bruno Bilotta, Michael de Roos
Año: 2019
Duración: 129'
Crítico colaborador: Antonio Ramón Jiménez Peña

Valoración:





Spider-Man: Lejos de casa. Del ingenio y otras carencias.

Spider-Man: Lejos de casa llegaba para cerrar una era en el Universo Cinematográfico Marvel, tal como se empeñó en recordar Kevin Feige en unas imágenes previas al visionado de la nueva película de nuestro amigo y vecino. Y esa, la tónica de la insistencia burda y la repetición, es la que conduce a la secuela de Homecoming a un fracaso maquillado de triunfo en su segunda mitad, que cambia de rumbo para intentar salvar los muebles de un ejercicio carente de imaginación y del carisma que Tom Holland y Jake Gylenhall se empeñan en dotar a unos personajes maniqueos en exceso. De hecho, el corte a la primera escena tras la animación de los créditos iniciales es hasta sintomático: pasamos de la imagen de Columbia Pictures con la mítica efigie que sostiene una antorcha que ilumina la pantalla a una estatua de piedra en una carretera que rápidamente es ignorada con un frenético paneo que sigue a un coche en el que se encuentran Nick Furia y Maria Hill. El destello y la luz de la figura original no sólo han desaparecido en el único intento de coherencia estética del filme, sino que, además, la escultura de piedra tiene apenas un segundo en pantalla antes de que nos traslademos al lugar donde John Watts prefiere situarnos: el de la acción frenética y constante, sin tiempo para la contemplación o la búsqueda de originalidad formal. El viaje de Peter Parker a Europa, culminación de esta falta flagrante de imaginación y del camino hacia la infantilización que Disney sigue promoviendo en las películas Marvel, no sólo coquetea la vergüenza ajena en su
concepción humorística, sino que, además, demuestra el poco ingenio de su director para planificar una secuencia en la que lo único que destaca es una cámara temblorosa y al hombro que no parece tener función más allá de cambiar el ritmo de la cinta hacia el videoclip.


El continuo ensalzamiento a Tony Stark, también en línea con la agresiva campaña de marketing del estudio sobre el nuevo Iron Man, no sólo desdibuja la verdadera asunción de la pérdida a la que se enfrenta Peter Parker, sino que, además, deifica al personaje que interpretó Robert Downey Jr. en pos de un fan-service rancio y conformista. Por suerte, Mysterio salva la situación durante el primer tramo, y se convierte, a excepción de la escena que divide la película en dos, en la única demostración de que aún quedan ideas en la casa del mismo nombre. El personaje de Gyllenhaal, además de tener una magnífica química con Tom Holland, protagoniza la mutación conspiranoica de la cinta en su segunda mitad, sembrando también una interesante reflexión sobre el artificio que bien podría achacarse a Marvel Studios en particular y a todo el audiovisual por el abuso de efectos especiales. Pareciera entonces que por fin Watts ha tomado la batuta, decidiendo, al menos desde sus planteamientos narrativos, la voz de su película, pero el atrevimiento llega tarde y a costa de destrozar el personaje de MJ, cuyas trazas de complejidad se desdibujan hasta convertirla en mero trofeo para el héroe salvador. El final de la cinta siembra, eso sí, un futuro movido para el Universo Marvel, brillante guiño mediante incluido en la escena ¿postcréditos? -interrogado aquí porque, aunque ocurre entre los créditos finales, suena más a desenlace de la propia película, a modo de cliffhanger, que a escena extra- en la que resuena el triunfo del bulo y el engaño. Tal y como el que la Casa de las Ideas nos ha intentado colar.




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