07 enero 2018

Lo mejor y lo peor, por Serdna




El 2017 se va sin dejar cintas demasiado memorables en líneas generales, aunque con algunas excepciones. Por un lado, entre las nominadas a los Oscars, entre bastante relleno, hemos tenido una película bastante interesante como es Moolight, y un musical con mucho encanto, La La Land. También algunas rarezas como Toni Erdmann o Mother!, la nueva locura de Carlo Padial, Algo muy gordo. Y en cuanto al cine más taquillero, los superhéroes siguen arrasando, ahora más que nunca con nada menos que seis estrenos en total. Hay que decir que en general ha sido un año bastante bueno para este género, con tres propuestas muy divertidas por parte de Marvel Studios, la inusual Logan y DC ha conseguido hacer por primera vez una película que no da arcadas, con Wonder Woman. De la otra de DC, mejor hablamos luego… 

Lo mejor 

Twin Peaks: The return. Sin duda alguna, el acontecimiento del año. Esta “película en dieciocho partes”, como la definió el proio Lynch, ha sido toda una sorpresa y una experiencia absolutamente lisérgica. Lo que podría haber sido un decadente festival de la nostalgia, ha resultado ser todo lo contrario. Lynch y Frost se han negado a ir a lo fácil, desconcertando y decepcionando a muchos nostálgicos, pero dándonos un trabajo absolutamente extremo, que incluso supera a la original, pues aquí cuentan con una libertad que ya hubieran querido entonces. Un viaje demencial hacia el misterio (como suele ocurrir con Lynch, como un fin en sí mismo), donde todos los géneros tienen cabida y en el que puede ocurrir prácticamente cualquier cosa. 

The disaster artist. Lo más difícil que tenía esta película era conseguir estar a la altura de la leyenda de The room. Y lo consigue. La interpretación de James Franco como el inefable Tommy Wiseau merece tenerse entre lo mejor de este año. 

Crudo. A medio camino entre el drama adolescente y la comedia gore, esta salvaje historia de canibalismo juvenil llama la atención por su perversidad y por su excelente factura. 

Lo bueno 

Algo muy gordo. Tercer largometraje de Carlo Padial, en el que volvemos a ver las obsesiones habituales de su cine, como son los infiernos de todo proceso creativo y las luchas de egos. De nuevo en formato falso documental, aunque esta vez con mucho más presupuesto. Sin embargo, el humor absurdo e incómodo se mantiene intacto. 

Blade Runner 2049. Proyecto disparatado que, aunque con una duración algo excesiva y pocas novedades, logra convertirse en una digna continuación de un clásico. 

Thor: Ragnarok. Aunque con un comienzo algo atropellado y un tramo final bastante convencional, la parte central de esta nueva entrega consigue ser más divertida y trepidante que muchas otras películas del género. Inolvidable el absurdo papel de Jeff Goldblum. 

El autor. Inquietante y divertida historia sobre un mezquino aspirante a escritor, con una de las interpretaciones de Javier Gutiérrez, que ya es decir. 

Madre! Desconcertante parábola de resonancias teológicas. 

Valerian y la ciudad de los mil planetas. Puro pulp, tan visualmente anfetamínico como clásico en todo lo demás. 

Spider-man: Homecoming. Tercera versión del personaje en menos de veinte años. El sentido del humor y el carisma del reparto principal logra que nos olvidemos de las cintas de Reimi, cosa que ni siquiera intentaba la versión de Marc Webb. Digna entrada del personaje en el Universo cinematográfico de Marvel. 

Abracadabra. Extraña comedia negra, tal vez innecesariamente amanerada en sus formas, pero divertida y con un impresionante trabajo actoral, especialmente por parte del siempre inmenso Antonio de la Torre. 

Colossal. Ingeniosa comedia con trasfondo feminista. 

Déjame salir. Dignísimo thriller con una mala leche menos obvia de lo que podría parecer. 

La cura del bienestar. Película de terror absolutamente desmedida, donde se entremezclan multitud de subgéneros, algo excesiva en su duración, pero bellamente filmada. 

Guardianes de la galaxia vol. 2. Corría el riesgo de ser repetitiva, pero Gunn tira la casa por la ventana y filma una aventura aún más loca y pasada de vueltas que la primera. 

Z, la ciudad perdida. Cinta de aventuras admirablemente clásica y con una preciosa dirección. 

Train to Busan. Admirable aportación al sobadísimo género de zombies, que le saca a la premisa todo el partido que puede y más. 

Silencio. Inquietante e inmersiva adaptación de una perturbadora novela. 

La La Land. Dirección admirable, canciones pegadizas y una historia con un poso de tristeza suficiente para no resultar cursi. 

Loving. O cómo huyendo del melodrama y contando una historia con sencillez y sin recrearse en el sentimentalismo, el resultado puede ser aún más conmovedor. 

Shin Godzilla. Sátira política, destrucción y monstruos a granel, todo ello con una dirección y narración clásica y espectacular. 

Toni Erdmann. Fría y por momentos incómoda comedia (o aparente comedia), sobre la relación entre un padre y una hija. Pero ante todo, una película sobre un concepto, al que aquí se le pone el nombre de Toni Erdmann. Un personaje que parece la personificación de lo incómodo, lo inoportuno, lo fuera de lugar, lo frustrante… precisamente aquellas cosas que marcan la relación entre los protagonistas. Básicamente, es la comedia que haría Michael Haneke si algún día se animara a hacer comedias. 

Múltiple. Regreso de Shyamalan en plena forma, con todo aquello que algún día le hizo grande. Relato de terror, mezclado con estudio de personajes y giro final impredecible. 

Moonlight. Pocas veces una película tan poco oscarizable había ganado un Oscar. La frívola Academia posiblemente se lo diera como un gesto de compromiso con las minorías de cara a la galería, pero por suerte esta película es mucho más. Un relato muy poco convencional sobre la construcción de la identidad que posiblemente gane con más visionados. 

Logan. Violenta, áspera, crepuscular y, por tanto, muy inusual cinta de superhéroes. 


Lo mediocre 

Star Wars. Episodio VIII: Los últimos jedi. Con una duración desmesurada y varias incosistencias de la trama, al menos esta nueva entrega aporta más novedades que su predecesora. 

It. Más cercana a las aventuras juveniles a las apelaciones nostálgicas que al siniestro universo de la novela de King. Cuenta con un digno reparto, pero el tono es algo errático. 

Baby driver. Muy bien dirigida, pero tan desesperada por resultar ingeniosa y molona constantemente que acaba resultando repelente. 

Wonder Woman. Película de superhéroes sin la mayor originalidad de estar protagonizada por una mujer (y manda narices que después de dos décadas con varios estrenos anuales, ésta sea la primera vez desde la infame Catwoman). El resultado es tremendamente convencional, rozando lo desastroso en su parte final. Pero para los estándares de Warner-DC, esto es un logro. 

Le llamaban Jeeg Robot. Supera la escasez de medios con el ingenio de algunas situaciones y la gracia de los actores, pero la indefinición de su todo acaba pasándole factura. 

Kong: la isla calavera. Excelente dirección y fotografía pero con un guión demasiado rutinario. 

Manchester frente al mar. Drama con un buen reparto, aunque con una dirección algo plana y por momentos excesivamente sentimental. 

Negación. Película con nobles intenciones, pero lastrada por su sentimentalismo y un maniqueísmo innecesario. Un personaje como Irving ya es bastante repulsivo por sus ideas, no es necesario cargar las tintas como aquí hacen. 

Verónica. Digna película de terror patrio, aunque la combinación de manidos clichés del género con el intento de recrear un caso real (aunque sea de manera muy libre), no termina de funcionar. 


Lo malo 

Liga de la Justicia. Lo mejor que se puede decir de ella es que al menos su visionado no es tan doloroso como el de la anterior cinta de Snyder, y esto se debe más a su reducida duración que a otra cosa. Por lo demás, mala a rabiar. Un pequeño monstruo de Frankenstein al que se le ven las costuras por todas partes. 

La autopsia de Jane Doe. Cinta de terror acojonantemente estúpida, con un buen comienzo, pero una resolución tremendamente facilona. Vacía y olvidable a más no poder. 

Atómica. Película de espías que ni termina de ser un thriller de calidad ni la comedia de acción alocada que por momentos promete ser. 

Bright. La premisa podría haber dado lugar a algo divertido, pero esa posibilidad se desvanece a medida que avanza una trama monótona y confusa. La dirección es además bastante fea y anodina. 

Guardians. Respuesta rusa al cines superheroico, con absolutamente todos los defectos de las producciones yanquis y sin ninguna de sus virtudes. Todo es increíblemente estúpido y torpe. 


Lo espantoso 

Rey Arturo: La leyenda de Excalibur. Un horror sin paliativos. De esas que te hace preguntarte cómo un productor puede dar su aprobación a algo así. Pésimamente filmada, con digitalazos lamentables y con una narración reiterativa y tediosa. Basura. 

Dunkerque. La crítica más destructiva que se puede hacer de este tostonazo nolaniano, es invitar a cualquier a ver los quince minutos de la evacuación de Dunquerque que aparecen en Expiación. En apenas unos minutos, hay una trabajo de fotografía y de cámara mucho más impresionante, y todo resulta más dramático e inmersivo que en toda esta película. 

La momia. Película de Assylum con estrellas invitadas. 

Y hasta aquí lo que me ha dado de sí el año. Lamento haber dejado unas cuantas pendientes con pinta muy interesante, como Lady Macbeth, I am not your negro, Verano de 1993, Demonios tus ojos, Prevenge o Love witch. Habrá que ponerse al día antes de que se acumulen con otros muy prometedores estrenos que trae el 2018, como Tres anuncios en las afueras, Call me by your name, La forma del agua, Los nuevos mutantes, La muerte de Stalin o Vengadores: Infinity war. Dentro de un año, sabremos sin la espera ha merecido la pena.



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