12 febrero 2017

El nacimiento de una nación







Título: El nacimiento de una nación
Título original: The birth of a nation
Dirección: Nate Parker
País: USA
Actores: Nate Parker, Armie Hammer, Jackie Earle Haley, Gabrielle Union, Aja Naomi King, Penelope Ann Miller, Aunjanue Ellis, Mark Boone Junior, Colman Domingo, Roger Guenveur Smith, Griffin Freeman, Jeryl Prescott, Steve Coulter, Katie Garfield, Cullen Moss, Aiden Flowers
Año: 2016
Duración: 119'
Crítico colaborador: Antonio Ramón Jiménez


Valoración:





Hablar de la lucha por la justicia social y la premisa plenamente marxista de la revolución de los oprimidos frente a los opresores es tan rabiosamente actual que casi quema. Y es magnífico que, en un momento tan complicado en la historia de Estados Unidos, donde hay una preocupante incitación al odio racial y a la xenofobia por parte de las altas esferas, Nate Parker coja el testigo en el primer largometraje que dirige, coescribe y protagoniza.

En una cuidada, pero nada original puesta en escena que parece estar diseñada más para lucimiento de sus dotes interpretativas que para el reclamo de la figura de Nathaniel Turner, fundamental antecedente para la Guerra de Secesión, Parker realiza un pulcro ejercicio cinematográfico en el que demuestra conocimiento de la narrativa clásica y la forma tradicional, pero nada más. Y yo me pregunto, ¿por qué?



En un tema tan tratado como el de la esclavitud negra, del que sigue siendo necesario hablar, el contenido sigue siendo fundamental, pero la forma ha ganado mucha más importancia de la que se le concede en los últimos tiempos a prácticamente todo el cine comercial. Me sorprende que en Sundance haya ganado una propuesta que adolece de falta de originalidad en casi todos los aspectos técnicos y narrativos, que siempre son correctos, pero para nada arriesgados, y que vacían de contenido un discurso tan necesario.

La representación de arquetipos se recomienda en la creación de historias, pero los arquetipos no son siempre iguales, son prototipos con los que experimentar, y no formas repetidas hasta la saciedad y que terminan siendo predecibles para un espectador que conozca los códigos clásicos de la narrativa cinematográfica. Y también ocurre en El nacimiento de una nación una suerte de “idiotización” del espectador, con momentos en los que la historia se vale de clarísimos símbolos para justificar acciones posteriores que deberían ser sorprendentes, pero terminan resultando obvias.



El único punto de cierto riesgo que toma Parker es una interesante serie de paralelismos mesiánicos entre la figura de Nat Turner, el predicador negro, y la figura de Jesucristo, con símbolos que de nuevo se tornan demasiado evidentes: los latigazos, la duda ante Dios… Sí que agradezco a Parker dos cosas: que el hombre blanco siempre sea malvado y sin cierta ambigüedad moral con esos personajes que son aliados de la causa, pero desde su posición de comodidad y que no destacan en su largometraje; y una satisfactoria banda sonora que se engrandece al final del metraje.

El problema de tratamiento de El nacimiento de una nación no sólo se queda en lo cinematográfico, sino también en cuestiones de representación igualitaria -mejor ni hablamos de los personajes femeninos de la película-. Una propuesta que no arriesga y se ciñe tanto a lo clásico, habitualmente, tiene dos posibles caminos: convertirse en una obra inolvidable (algo muy improbable en nuestros días), o pasar de largo en la memoria del espectador. Y El nacimiento de una nación parece condenada a pasar al olvido, a no destacar y perderse entre la maraña de películas entretenidas que ver un domingo.




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