23 diciembre 2014

Big eyes












Título: Big eyes
Título original: Big eyes
Director: Tim Burton
País: USA
Actores:  Amy Adams, Christoph Waltz, Krysten Ritter
Año: 2014
Duración: 105'
Crítico colaborador: Mary

Calificación:




La vuelta de tuerca de Tim

Aquel espectador que espere ver en Big eyes la pluma y trazo de su director, que se quite la idea de la cabeza. Tim Burton muestra que su savoir faire en la realización sigue intacto en su última película. Y además, que sabe reflejar otros estilos y hacer películas de época. ¡Qué bonito marco utiliza! La Costa Oeste en los años 50 y 60, donde el colorido paisaje playero se une al estilo fifties (uno de los que siempre queda bien en pantalla).

El director de Eduardo Manostijeras ha escogido una bella biografía real: la del matrimonio Keane, compuesto por Margaret (Amy Adams) y Walter (Christoph Waltz). Ella era una talentosa pintora cuya timidez e inseguridad le cerraban las puertas al mercado, mientras que el pícaro de su marido se aprovechaba de tales carencias. Burton se ha confesado fan y coleccionista de los cuadros Keane, reconocibles por los grandes ojos de los niños que aparecían en ellos.
Qué gran par ha elegido: las dos celebrities parecen retarse el uno a otro, cual ring en donde en vez de cuerdas y guantes de boxeo hay cuadros de por medio. Del argumento, si se desconoce el caso real, es mejor informarse una vez revisada la película; así sorprenderá más. La dirección artística les acentúa bien los roles a cada uno, además de envejecer a Amy, mientras que rejuvenece sorprendentemente a Waltz.

Esta cinta (mejor dicho, Tim) se pone del lado políticamente correcto. Ahora persigue al liante, al llamativo, al que gesticula. Waltz deja que el realizador californiano le mueva las cuerdas, aunque no le cuesta demasiado, ya que su nuevo rol no le cae de sorpresa –va muy en la línea del de Malditos bastardos, Django desencadenado o el que llegará la próxima semana, Cómo acabar sin tu jefe 2-

La escena final, que se desarrolla en un juicio, queda perfecta, donde el combate del matrimonio se resuelve con brío y Christoph se despacha a gusto con toda clase de gestos y paseos, mientras que Amy se mantiene en perfecta serenidad.

Muchos acérrimos a su estilo no se lo perdonarán –y eso que están furiosos con él desde Sombras tenebrosaspero Burton, como admirador de Margaret Keane y como buen cineasta, demuestra que sabe hacer también cine más convencional sin perder la calidad, sin necesidad de excederse en metraje y haciendo igualmente una película redonda. El que vaya sin expectativas, se encontrará con una buena película, porque es lo que Big eyes es.



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