22 abril 2013

On the road



Director: Walter Salles


País: Francia

Actores: Garrett Hedlund, Sam Riley, Kristen Stewart, Amy Adams, Tom Sturridge, Danny Morgan, Viggo Mortensen, Alice Braga, Elisabeth Moss, Kirsten Dunst, Terrence Howard, Steve Buscemi

Año: 2012

Duración: 136’

Crítico: Mary


Puntuación:



Homenaje a la generación Beat
Ese chico que se busca a sí mismo mientras recorre EEUU observando la América profunda y tediosa de los años 40, esas ganas irrefrenables de buscar emociones fuertes, (drogas y sexo mediante), esa ansia de encontrar respuestas,… 

Todos estos pensamientos fueron recogidos por el escritor Jack Kerouac, referente de la “generación beat”, que con su obra “On the road” plasmó muchos de los pensamientos de estos jóvenes. 

Cuando los proyectos tienen padrinos de excepción como es este caso, que ha sido tocado por la gracia de Francis Ford Coppola (se encarga de producirla) salen obras con personalidad, y muchas se convierten en obras de culto. No sabría decir si “On the road” se convertirá en pieza clave del séptimo arte o no. 

Aparte de esto, la película ha estado muchos años en el tintero quedándose en proyecto archivado varias veces, de hecho el director de “El padrino” compró los derechos en 1979. Desde entonces se habían pensado en varias celebridades para los personajes -Ethan Hawke o Billy Crudup para hacer de Sal, o Colin Farrell o Brad Pitt para ser Moriarty- incluso desde su creación, pues el novelista pensó en Marlon Brando. 

Pasado los años, Coppola escogió a Walter Salles (“Diarios de Motocicleta”) como director. Para llevar a cabo la cinta, el director brasileño se ha rodeado de ex compañeros suyos, como José Rivera en el guión, o la banda sonora de Gustavo Santaolalla.


Aunque desde luego si hay algo que hace brillar a “En la carretera” es el gran elenco actoral que supone una delicia: 

Sam Riley queda perfecto como Sal, el protagonista, un alter ego del escritor, pues une ese halo de rebeldía y dulzura a la vez, dos ingredientes primordiales para interpretar a este estilo de chico desencantado en busca de su sitio. El intérprete inglés apunta maneras para convertirse en una estrella “outsider”. El tiempo lo dirá. 

El compañero de aventuras está magistralmente interpretado por Garrett Hedlund, que elabora un Dean Moriarty arrollador (el sobrenombre de Neal Cassady), un joven que a veces parece no tener alma. El actor estadounidense, un Val Kilmer con un toque más perverso, se supera en este papel, llegando a hacer sombra a cualquiera que le dé réplica. 

Kristen Stewart es la tercera actriz principal, ella es Marylou. Más rubia y más sensual que en la saga que le ha otorgado fama mundial, aquí vuelve a convertirse en objeto de deseo de dos galanes (estos más retro, a lo hipster) formando un trío más auténtico que los empalagosos amores del vampiro y el hombre lobo. Pese a que no cambia mucho de registro, la actriz mejora sus dotes para la actuación, aunque siga hablando en ese “sotto voce” con aires de misterio que la caracterizó en su rol de Bella Swan. 

Su tocaya Dunst queda a la perfección en la piel de la recatada Camille. Muestra la continencia de una forma bárbara (con 12 añitos ella ya jugaba con vampiros, Cruise y Pitt, ni más ni menos, y la actriz no se andaba con chiquitas).


Otro rostro del reparto es Viggo Mortensen, todo un honor verle en el celuloide. Da igual que esté en pleno Siglo de Oro español, o haciendo de mafioso ruso. Nunca decepciona, como en esta ocasión. 

Elisabeth Moss, Danny Morgan, Alice Braga, o Amy Adams tienen pocas escenas pero bordan sus papeles secundarios, al igual que lo hace Steve Buscemi en su corta aparición. 

El ambiente es la otra baza del film. Sabe transmitir la opresión de esos últimos años cuarenta en Estados Unidos, donde imperan las formas de una sociedad reprimida, y estos jóvenes buscaban aire fresco. La dirección artística está muy lograda y emite el espíritu de esos años, aunque en los chicos tanto rollo underground resulte un poco exagerado. Y las localizaciones, son muy arquetípicas, pero son impecables. 

Esos porches blancos con valla a juego, esas estaciones ajadas que esperan trenes repletos de mercancía, etc. Y sobre todo, las carreteras, tan rectas e interminables en medio de distintos paisajes, bien al anochecer o a plena luz del día, que invitan al espectador a poner América a sus pies junto a los protas, siendo testigos del “Carpe Diem” tan vanagloriado, al son de viejas glorias del jazz y de hits coetáneos.


La pieza es una road- movie que consigue una estética llena de color gracias también a la dirección de fotografía, que capta a la perfección la esencia de desencanto, y que a unos cuantos les provocará ganas de ir a devorar la obra literaria de Kerouac. 

Hay muchos detractores, casi todos lectores de la novela se han indignado con la versión. Pero pocas veces las películas superan los textos originales. Ni siquiera esa saga llamada “Crepúsculo”. A la hora de juzgar los largometrajes sacados de la literatura, deben ser medidos por ellos mismos. Pero que nadie se equivoque. He aquí un trabajo de calidad.




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