10 febrero 2017

EL PROTEGIDO






Título original: Unbreakable
Dirección: M. Night Shyamalan
País: Estados Unidos
Actores: Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Robin Wright, Spencer Treat Clark, Charlayne Woodard, Eamonn Walker, Leslie Stefanson, Johnny Hiram Jamison, M. Night Shyamalan, Julia Yorks, James Handy
Año: 2000
Duración: 107'
Crítico: Harkness

Valoración:






El reciente estreno de Múltiple, lo nuevo de M. Night Shyamalan (podéis echarle un ojo a la videocrítica de nuestro compañero Blueberry pinchando aquí) puede ser una buena oportunidad para recordar algunos de sus principales logros como director. Castigado casi desde los inicios de su trayectoria por la crítica profesional (y por bastantes espectadores también), saludado al mismo tiempo como uno de los grandes de las últimas décadas, Shyamalan es sí o sí un tipo fundamental para entender el cine reciente. Un artista que siempre se ha movido en tierra de nadie, entre el cine más personal y los géneros más populares. Muy perdido durante una temporada, dedicándose a firmar trabajos sumamente rutinarios y que no han convencido ni los seguidores más acérrimos (Airbender, After earth), parece que ha regresado con las fuerzas renovadas, con un estreno que vuelve merecidamente a arrasar en taquilla.

Cada espectador parece proyectar sus filias y fobias en la filmografía de este señor; unos títulos gustan más, otros menos, no es fácil llegar a un consenso sobre cuál es mejor o peor (salvo las dos que he comentado antes, con las que existe bastante unanimidad a la hora de rechazarlos). El protegido, sin embargo, pone de acuerdo a casi todo el mundo. Tras el éxito arrollador de El sexto sentido, lo siguiente fue un nuevo thriller sobrenatural, protagonizado también por Bruce Willis, y semejante decisión despistaría a más de uno que esperaba lo mismo otra vez. Pero también comenzaría a cimentarse una reputación de director “diferente”, amigo de las sorpresas argumentales y del juego con las expectativas, con tanta capacidad para el drama como para el cine de género, inquietando y emocionando a partes iguales.

El protegido continúa pareciéndome una obra maestra del cine de los noventa. Una auténtica declaración de amor por el arte del cómic, realizada en una época en la que todavía no teníamos a los superhéroes hasta en la sopa. La convencional intriga encierra una intensa historia familiar y de autodescubrimiento; la de la génesis de uno de esos héroes de papel, que pareciera haber huido de las viñetas para caer en el celuloide. Ese mundo de los cómics, esa mitología moderna y pop que ilustra la eterna lucha del bien contra el mal, es la principal referencia de la película y uno de sus temas principales, pienso yo.




Y es que el guión es como un puzzle magistral, donde cada personaje está maravillosamente descrito. El conflicto espiritual que vive David Dunn (Bruce Willis), único superviviente de un aparatoso accidente ferroviario, no es sino la expresión de un destino heroico frustrado, derivado de no asumir su verdadera naturaleza y responsabilidad. Lo mismo le ocurre a Elijah Prince (Samuel L. Jackson), el hombre cuyo cuerpo se quiebra con total facilidad. La película habla de afrontar el miedo y seguir creyendo en lo extraordinario, como con toda inocencia lo hace el hijo de Dunn... solamente así descubriremos el propósito, mejor o peor, de nuestra frágil existencia. Y todo ello conservando la magia y el misterio de lo cotidiano, cosa que hace especial un argumento tan arquetípico en el fondo. Pero eso sí, filmado como si cada encuadre fuera el último.

Es memorable el comienzo en el tren, rodado con un plano larguísimo y oscilante. También el tenso momento del niño y la pistola. En general, la narración está salpicada de pequeños detalles que dan información. Por ejemplo, sabemos desde el principio que el protagonista está casado y que no le va bien cuando le vemos quitarse la alianza al intenta ligar con su compañera de viaje. Por otra parte, la atmósfera está marcada por la presencia del color azul; el resultado es una calculada mezcla de realismo y de estilización visual, muy propia de quien está detrás de las cámaras, emparentado en este sentido con cineastas del calibre de Fritz Lang y Jacques Tourneur. James Newton Howard, colaborador habitual, firma uno de sus trabajos más inspirados, y es que la música de este tipo es prácticamente inseparable de las imágenes del otro, hasta el punto de que lo más digno que encontrábamos en Airbender eran precisamente aquellos momentos reforzados por las notas de Newton Howard, capaces de conmover hasta a un estropajo.

Y poco más que decir. Una de esas películas que no hacen sino ganar con el paso del tiempo, un clásico indiscutible y de imprescindible visionado. Veremos si se hace realidad el proyecto de secuela del que tanto se ha estado hablando, y si tendrá un enfoque tan sorprendente como es habitual en el cine del cineasta indio.






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