08 marzo 2016

El cuento de la princesa Kaguya


Titulo: El cuento de la princesa Kaguya
Título original: Kaguya-hime no Monogatari
Director: Isao Takahata
País: Japón
Actores: Animación
Año: 2013
Duración: 137'
Crítico Colaborador: David Hidalgo








 Valoración:





“Kaguya Hime no Monogatari”, aquí conocida como “El Cuento de la Princesa Kaguya”, es el octavo y último largometraje del meticuloso cineasta Isao Katahata, y producido por el mítico Studio Ghibli. Este film no solo es emblemático por méritos propios, sino también por dos razones.

La primera es que se trata de la película que detonó que el Studio Ghibli clausurase su sección dedicada a producir largometrajes de animación. ¿El motivo? Que, pese a una excelente recepción internacional en cuanto a crítica y festivales, tuvo un rendimiento muy pobre en la taquilla cinematográfica japonesa, cosa que comportó muchos costes al estudio. Debido a este fracaso comercial, y también a la retirada de Hayao Miyazaki tras estrenar “El Viento se levanta” en 2013.


El segundo motivo que hace especial a este largometraje está íntimamente conectado con el primero: muy probablemente a raíz del batacazo que se pegó en taquilla, hemos tardado nada menos que la friolera de casi TRES AÑOS en recibir “El Cuento de la Princesa Kaguya” en nuestras carteleras. Porque sí: el resto del mundo lleva viendo esta película en salas y en certámenes cinematográficos desde el año 2013, incluyendo nuestros vecinos galos. Por supuesto, se agradece que la distribuidora Vértigo Films se haya decidido a apostar por traerla a nuestras carteleras para estrenarla el próximo 18 de Marzo de 2016 pero, personalmente, lamento profundamente que este estreno se produzca tan tarde.

Y lo lamento, no solo porque esto me ha comportado verla con más demora de la que me hubiera gustado, sino porque los espectadores españoles llevan casi tres años perdiéndose una obra llena de hermosura y repleta de valores positivos.

Pero vamos al lío.

Inspirada en “El cuento del cortador de bambú”, este film parte de un argumento relativamente sencillo: un anciano cortador de bambú se encuentra en plena tarea, uno de tantos días, cuando de repente, ante él brota de un bambú una hermosa princesa. Asombrado, decide llevársela a casa para mostrársela a su esposa, y la princesa se convierte en un bebé ante los ojos de ambos. A partir de ahí, deciden adoptarla como su hija, y acaban queriendo que viva como una verdadera princesa japonesa. Al crecer, Kaguya desarrolla una belleza sin parangón, cosa que atrae la atención de muchos pretendientes nobles, incluyendo el Emperador. Sin embargo, la princesa Kaguya oculta más de un secreto…


Lo primero que llama la atención, al comienzo de la cinta y tras los hermosos títulos de créditos iniciales, es la técnica con la que está realizada la película. Y es que todo está ilustrado a base de trazos gruesos, con una clara intención de que la textura manual y las imperfecciones se noten (especialmente en la gran pantalla). Esto es especialmente palpable en los primeros planos y en las escenas más frenéticas, donde tienen lugar acciones que transcurren a gran velocidad y la imagen se difumina entre furiosos borrones.

Podría parecer que esto forma parte de una puesta en escena simplista, especialmente si comparamos este filme con cualquiera de los dirigidos por Miyazaki. Nada más lejos de la realidad: Katahata es meticuloso hasta el punto de dedicar años a la realización de cada uno de sus proyectos, y este perfeccionismo se nota en cada uno de los fotogramas que componen “El Cuento de la Princesa Kaguya”. Y no solo eso: también es un film con un montaje calculado hasta el más mínimo detalle, donde cada nuevo plano complementa perfectamente al anterior en un storytelling de lo más preciso.

Se podría decir que la propuesta de dirección de Katahata se basa en una falsa simplicidad, en una austeridad autoimpuesta. Esto no solo es un ejercicio de estilo, sino que es toda una declaración de intenciones. A fin de cuentas, la película gira en torno a nuestra relación con la naturaleza, y cómo perdemos una parte de nuestra humanidad al abandonarla en favor de la vida en las capitales. Asimismo, también se habla sobre cómo conceptos como poder, dinero, riquezas materiales o bienestar nunca podrán rivalizar con conceptos emocionales como la felicidad, la tranquilidad, la amistad, el amor o la paz espiritual. ¡Incluso se tratan temas como el patriarcado propio del Japón feudal, con una protagonista luchando por tomar sus propias decisiones en un mundo repleto de dictámenes donde la mujer siempre está relegada a un segundo o tercer plano!

Pero tranquilos, no hablamos de un film repleto de moralina. En la mejor tradición de los cuentos clásicos, aborda temas complejos con una sencillez (que no simplicidad) aplastante, todo ello desde el realismo mágico: sucesos extraordinarios tienen lugar en entornos de lo más reales y mundanos, sin que jamás se cuestione el cómo ni el porqué. Y, siguiendo con los paralelismos con la narrativa más pura (recordemos, los cuentos y las fábulas), plantea una moraleja muy vigente, sin caer nunca en el adoctrinamiento.


Y todavía no he hablado sobre el exquisito tratamiento visual de esta película. La animación de cada personaje es fluida e increíblemente expresiva, cosa que nos permite entender en todo momento qué ronda por sus cabezas, así como reír, llorar o enfadarnos junto a ellos a lo largo del film. Visualmente, Katahata pone especial mimo en deleitarnos con unos encuadres que, de puro paisajísticos, bien podrían exponerse por sí solos y fuera de contexto en galerías de arte. Y, a nivel de narrativa fílmica, hace mucho hincapié en el uso de los sonidos ambientes para crear un mundo con vida propia, así como de los silencios para reforzar momentos trágicos o angustiosos. ¡Y no me tiréis de la lengua con la banda sonora del gran Joe Hishaishi, con temas que no podréis quitaros de la cabeza en días o semanas!

Mi único “pero” es que se trata de una cinta lenta; hay que tomársela con mucha calma, es el peaje a pagar para disfrutar de todo lo que nos puede ofrecer en el camino. Y esta lentitud resulta loable en su primera mitad, donde prácticamente uno se quedaría a vivir con los personajes que aparecen, pero se convierte en un lastre en una segunda mitad un tanto monótona. Comprendo que la intención del cineasta es, precisamente, jugar a mostrar un fuerte contraste entre ambas formas de vida, y cómo vive este contraste la protagonista, pero lo que en ocasiones resulta un recurso narrativo adecuado y que funciona bien, en otras simplemente es una arritmia que resta puntos al conjunto.


Da igual. Apostad por este film: es una alternativa necesaria a películas de animación basadas en el consumo rápido y en los mensajes masticados, como “Kung Fu Panda 3”. Y, que conste que también soy capaz de disfrutar con cintas como “Kung Fu Panda 3”; de hecho, ésta última me gustó. Pero, mientras que ese tipo de filmes me entretienen y me satisfacen momentáneamente, obras como “El Cuento de la Princesa Kaguya” me emocionan, me hacen pensar y me aportan algo, tanto en lo cinematográfico como en lo personal. Una apuesta arriesgada que agradezco haber podido ver en pantalla grande. Aunque haya sido tarde.

LO MEJOR: Prácticamente todo. Su impecable guión, el mimo y atención al detalle que Katahata demuestra en cada fotograma, su estilo y el preciosismo que desprende cada plano, la memorable banda sonora, y, en general, lo arriesgada que es en muchos sentidos.

LO PEOR: Ciertas arritmias que lastran el tempo narrativo del film en su conjunto, y que quizás pierde algo de fuelle una vez comienza toda la parte dedicada a la vida en palacio.




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2 Comentarios somieriles:

No esperaba que llegara a los cines, sino que pensaba que en caso de llegar a España lo haría directamente en dvd, así que tengo muchas ganas de verla en pantalla grande.

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Esta película me daba mucha curiosidad desde que vi el nombre y una ojeada al estilo de dibujo que brinda el poster de la película, pero gracias a la review ahora me siento seguro de darle un chance de ver.

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