16 octubre 2014

Especial Festival de Sitges 2014- Introducción


Autor: Neuromante


El Festival Internacional de Cinema de Cataluña (Conocido hasta hace poco por “Festival de Cine Fantástico y de Terror de Sitges”) es el conocido festival de cine patrio que, desde 1967, se celebra en la localidad catalana de Sitges. Nada más terminar el verano y durante una semana, esta pequeña localidad costera albergará una sucesión de proyecciones casi continuas de películas del género fantástico que abarca desde auténticas obras maestras a largometrajes cuya financiación sólo se puede explicar por la necesidad de algún productor de lavar dinero obtenido de manera poco lícita, pasando por comedias, comedias involuntarias, y esas películas orientales que nadie a este lado del planeta entiende.



Este año, y con motivo del 47º festival, me desplacé (Entre el 3 y el 6) hasta allí para ver, “a pie de obra”, de que iba un festival con tanta solera e historia como este, y, si había suerte, alguna película decente.



"Sitges de día, desde la zona del Meliá, proporciona unas vistas bien majas."

Sitges es un pueblo pequeño, la típica ciudad de vacaciones española de la costa mediterránea, en la que si no te gusta la playa y el chiringuito, olvídate de hacer nada más. Un pueblo que, aún así, es tranquilo no excesivamente caro (Al menos en comparación con Madrid). El festival, dividido en tres (más bien cuatro) salas principales de proyección, se convierte en el principal atractivo de ocio durante esos días, algo que se puede ver en los caminos entre la sala Meliá y las demás (separadas por una estratégica caminata, supongo que diseñada para permitirnos bajar los bocatas de la comida), continuamente poblados de gente que sube o baja de una sala a otra para enganchar con su siguiente película.



Como en cualquier evento de cine que se precie en el que se proyecten películas raras e independientes, el elemento que más se puede ver en esos caminos es el Gafapasta Común, salpicado del famosillo de turno y todo mezclado con mucha gente con acreditaciones o con el paquete “Sitges deLuxe”, que no sé lo que lleva porque uno es pobre y tampoco hay que pasarse. Mención especial el sábado, que por la “Sitges Zombie Walk”, la ciudad se llena de gente disfrazada (Y maquillada) con bastante maña y salero de muertos vivientes.

Hay que reconocer que en general se respira muy buen ambiente entre los visitantes y que no recuerdo haber visto ni un solo caso de enfados, peleas o malos rollos.

"Compadre cómprame un coco."

Si has elegido bien y te ha tocado un pase bueno, puede que hasta tengas la oportunidad de ver a alguno de los miembros del equipo que hizo la película (Generalmente directores) presentando su obra tras un breve introducción, comentando por qué la hicieron (O en el caso de los que menos dinero tenían, como es que pudieron hacerla), deseando que te lo pases bien con ella e incluso preguntando que, si alguien quiere distribuirle la película en España, que ya que es más triste de pedir que de robar, que hablen con él (Algo que hizo, literalmente, Maximilian Erlenwein, director de Stereo).


Un momento bastante simpático que, por otra parte, suele empañarse por la manía de la organización de hacer exclusivamente en catalán las introducciones y de traducir a este idioma (Y sólo a este idioma) lo que ha dicho el invitado. Yo, personalmente, aunque de catalán no paso del “escolta Goku”, con el inglés me defiendo lo suficientemente bien como para entender lo que decían la mayoría, pero no puedo dejar de pensar que no traducir también al idioma de Cervantes o al de Shakespeare, por esos directores franceses o alemanes, lo que ha dicho el invitado de turno es un tanto putada para los que no entiendan ni el idioma del invitado ni el catalán.


"Esta era la segunda cola. Vista desde el principio de la tercera."


Durante los cuatro días que estuve, las películas arrancaron generalmente con pequeños retrasos que fueron desde los 15 a los 45 minutos y las colas para entrar si tu entrada no está numerada (2 euros más cara) eran largas, separadas en tres trozos que permitía a la gente colarse a la que el guardia no mirara y sin un puñetero banco para sentarse mientras esperabas, algo que la verdad, tratándose de un festival con casi 50 años de historia, choca un montón no se haya solucionado. Mención especial, por cierto, al guardia de seguridad que estaba en el auditorio por la mañana, más majo que las pesetas, y al trajeado de la noche, que probablemente sirvió de inspiración para el logo de King Kong, tanto en formas como en su capacidad de comunicación.

En general las proyecciones ocurren sin contratiempos, a veces con la pequeña introducción de la que he hablado, y tras dos cortinillas promocionales de Sitges (Que acabas hasta las narices de ver todos los días, pero mejor que los 10 minutos de anuncios de una proyección “normal”, ¿no?), mientras todo el mundo aplaude a la cortinilla 1, la cortinilla 2, cuando aparece la productora en los títulos de crédito, cuando aparece el director, cuando sale el título de la película, el nombre del actor principal, el del jefe de los limpiadores... El único problema que sufrí durante una proyección (Un corte en “Vida después de Beth”) se solucionó en relativamente poco tiempo y tras un pequeño espectáculo de sombras chinas usando el proyector del auditorio que creo que sirvió para evitar que el mosqueo de la gente pasara a mayores. Todas las películas se proyectan en Versión Original con subtítulos, bien al inglés (Si no es de habla inglesa), bien al catalán y (esta vez sí) español. Y al acabar la peli, todos a la puta calle, a comer algo a algún bar cercano y al siguiente pase.


La verdad es que si eres aficionado al cine, quitando los problemillas de organización y las tonterías del idioma, Sitges es un festival entretenido, no excesivamente caro, y probablemente la única oportunidad de ver según que películas fantásticas que jamás estrenarían en una sala comercial.

"Grafittis en Sitges. Graffitges."

Y bueno, la gracia del Festival de Sitges no está en las colas, ni en la playa nudista, ni mucho menos en el garito de osos que hay el centro de la ciudad, sino en las películas proyectadas, que podrían ser mejor o peores, pero que no entraban en las categorías de secuelas innecesarias, películas de series de los ochenta, o la enésima película basada en un cómic que, reconozcámoslo, no hemos leído en la puta vida.



Durante los próximos días iré publicando comentarios de los largometrajes que tuve la suerte (o la maldita, total y absoluta desgracia) de ver en esta pequeña localidad.



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