Extraños en el paraíso




Título original: Stranger than paradise

País: EEUU

Director: Jim Jarmusch

Actores: John Lurie, Eszter Balint, Richard Edson, Cecillia Stark, Danny Rosen, Tom DiCillo

Año: 1984

Duración: 89'

Crítico: Harkness

Puntuación:
 

 




Vámonos de de viaje con Jim Jarmusch, ese tipo raro del pelo blanco que se convirtió en uno de los cineastas más aclamados de los 80, especialmente dentro del ámbito del cine independiente estadounidense, dándose a conocer precisamente con ésta propuesta que nos ocupa. Bajo presupuesto, estética amateur, cameos de actores amigos, personajes aislados y desubicados, así como un sentido del humor particular son algunos de los principales rasgos de su cine, o al menos de la primera parte de una larga trayectoria en la cual destacan títulos como Down by law, Dead Man, Ghost dog o más adelante en el tiempo, Coffee and cigarettes y Flores rotas. Su última película, que con suerte veremos dentro de poco, es la reciente Sólo los amantes sobreviven, con Tilda Swinton y Tom Hiddleston interpretando a una pareja de vampiros errantes.


Digo que nos vamos de viaje porque Extraños en el paraíso es una “road movie” protagonizada por un vividor (John Lurie) que se hace llamar Willie (aunque en realidad es húngaro -origen del que reniega- y su verdadero nombre es Béla) sin oficio ni beneficio, que en compañía de su amigo (es decir, otro granuja igual que él) va en busca de su prima para irse todos juntos de vacaciones a Florida. Sin embargo, este lugar tan prometedor no es precisamente lo que ellos se esperan.





Obra de culto dentro de cierta cinefilia “cool” y gente con barba y camisas a cuadros pertenecientes a su tatarabuelo, sí... pero además una película notable y un ejemplo de saber labrarse un universo propio a partir de muy pocos elementos, haciendo de la escasez virtud, a partir de la base de un cortometraje previo (que precisamente constituye el primer “episodio” de la historia). ¿De qué va? De la juventud perdida y de la cara oculta del sueño americano. De unos individuos profundamente desarraigados y sin futuro, inmersos en el tedio, que vagan por el encuadre sin rumbo fijo (no encuentran su objetivo o no lo quieren encontrar). Lo que vemos es su intento de escapada de esta situación, a la búsqueda un paraíso que en realidad no existe. Nuestro héroe y su colega son dos perdedores, cortados por el mismo patrón, mientras que ella es víctima de un hogar opresivo y de un porvenir mediocre.




Pero no todo es oscuridad, porque en realidad la película es una comedia, marciana, eso sí, donde te sorprendes riéndote o encontrando simpáticas situaciones que a priori no tienen nada de particular. Por ejemplo, es significativo el juego idiomático y las conversaciones en varios idiomas. El azar y el absurdo parecen ser el verdadero motor de la “trama” (si se puede llamar así), con el leitmotiv de la famosa canción de Screamin' Jay Hawkins, "I put a spell on you".





El blanco y negro ofrece un aspecto lúgubre, luciendo los paisajes de la geografía estadounidense (entre Nueva York, Ohio y Florida, que parecen el mismo sitio). No hay una gran carga psicológica en los personajes, descritos en pocos y cercanos trazos, entrañables y patéticos. Ya sea por la ambientación o por sus pintas (como de mafiosos de los años 30), todo tiene un aire muy atemporal, como de un cuento, sin formar parte de una época determinada. La cámara apenas se mueve, hay una preferencia por la elipsis radical y por el fundido, encadenando escenas como si fueran sketches sueltos y los actores haciendo de las suyas en un encuadre fijo... historia, propiamente dicha, no la hay, aunque sorprende el desopilante giro final a esas alturas. En realidad el protagonismo recae en lo anecdótico, en lo irrelevante y en los tiempos muertos, donde no parece que ocurra nada. Sin embargo, en su estatismo, son unos instantes llenos de y de poesía (a su manera). Son unas imágenes que a veces evocan a los cuadros del pintor Edward Hopper.




Comparable a Down by law, con la que comparte el mismo universo temático (como venía diciendo al principio de la crítica), aunque tal vez algo menos pulida, es una película interesante y que desde luego merece ser rescatada. Arrebatadora si consigues emocionarte con las historietas mínimas de Jarmusch, un peñazo relamido si por el contrario no te hace mucho tilín su obra. En cualquier caso, las últimas que ha hecho yo diría que tienen pinta de ser mucho más herméticas (ésta por lo visto le moló hasta al amigo Carlos Coñero).





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