17 septiembre 2014

El Corredor del Laberinto



Título: El Corredor del Laberinto
Título original: The Maze Runner
Director: Wes Ball
País: USA
Actores: Dylan O'Brien, Thomas Brodie-Sangster, Kaya Scodelario, Will Poulter, Ki Hong Lee, Blake Cooper, Aml Ameen, Jacob Latimore

Año: 2014
Duración: 110'
Crítico: Lord Serdna







Valoración




El mundo contemporáneo es un lugar cada vez más angustioso y desapacible. Tres son las grandes lacras que ahora mismo más miedo dan cada vez que echamos un vistazo a las noticias: el ébola, el Estado Islámico y las adaptaciones de best-sellers juveniles.

Y es que la película que ahora nos ocupa es la enésima adaptación de una saga literaria para adolescentes, en este caso de una saga menor. Como es habitual en este tipo de productos, su autor ha tomado unos cuantos manidos referentes de la cultura popular y los ha utilizado como marco para la historia fotocopiada de siempre de “joven-tiene-que-encontrar-su-camino-madurar-y-de-paso-tratar-de-zumbarse-a-la-morenita-de-turno”. Esos referentes, en realidad son lo de menos. Puede ser un mundo mágico con escobas voladoras y varitas mágicas, un mundo con vampiros y hombre lobo o una distopía futurista. En este caso, el autor de esta saga (cuyo nombre, por cierto, ni siquiera me voy a molestar en googlear), cuya primera entrega se publicó en 2009, opta por lo fácil y crea un universo similar al de Los juegos del hambre, de la cual ésta parece ser una saga bastarda. 


La trama comienza con un joven que aparece, amnésico, en una pradera rodeada por un enorme laberinto en cuyo interior parecen esconderse unas criaturas hostiles. Él no sabe cómo ha llegado allí, pero en su situación hay decenas de jóvenes más, todos varones que como él aparecieron en ese lugar sin saber nada más (Sólo conservan algunos difusos recuerdos que involucran a una misteriosa compañía científica que recuerda sospechosamente a la Corporación Umbrella). En esa pradera (que ellos llaman “el Claro”) se ha organizado una sociedad jerarquizada y a veces brutal donde la prioridad es sobrevivir. El referente más obvio, en este caso, es El señor de las moscas, aunque pasado por el colador de Perdidos. Igual que en aquella serie, los personajes se ven atrapados en un lugar muy misterioso, cuyos enigmas apenas son aclarados torpemente a lo largo de la historia. 


En la sociedad que forman estos chicos del Claro, hay diferentes grupitos, cada uno con una función específica (médicos, constructores…). Éste es otro rasgo de las sagas juveniles, las pandillitas. Gryffindor y Slytherin, vampiros y hombres lobo, el Capitolio y el Distrito 12... El equipo de las animadoras y el grupo de los empollones. No olvidemos que al, fin y al cabo, estas sagas no dejan de ser versiones sofisticadas de las pelis de instituto. Aquí, de los diferentes grupitos del Claro, el más guay de todos es el de los corredores, que son los más fuertes y rápidos y se encargan de explorar el laberinto, cuyas puertas se abren de día y se cierran de noche, tratando de encontrar una salida. No hace falta decir que el protagonista acabará formando parte de este grupo. Tampoco hace falta decir que entre sus compañeros encontramos todos los estereotipos posibles del cine juvenil: el colega, el amigo gordito, el líder, el capullo que tiene manía al protagonista, y por supuesto, la chica. Porque sí, aunque ya hemos dicho que son todos varones, de repente aparece también una chica. ¿Por qué? Porque sí. Y las puertas del laberinto, que se abren por el día y se cierran por la noche, de repente dejan de hacerlo. ¿Por qué? Porque sí. Bueno, imaginamos que no será porque sí, pero la explicación la encontraremos en las infinitas secuelas (se supone que esta saga es una trilogía con su correspondiente precuela). Sin embargo, conscientes de que adaptaban una saga menor, los responsables de la película parece ser que han tomado elementos de las novelas siguientes para darle una estructura lo más autoconclusiva posible, pues seguramente no vayamos a ver más secuelas cinematográficas, como ha pasado con otras adaptaciones de sagas menores, como la infumable Eragon.

Antes de acudir al pase, pensaba hacer más mofa de esta película, que sólo con ver el trailer ya echaba para atrás. Sin embargo, es todo tan soso, tan previsible y tan visto, que ni siquiera da para eso. La trama avanza de forma atropellada y aunque pasan muchas cosas, en ningún momento se aprecia tensión o interés. La dirección es correcta pero impersonal. Su director parece ser que no tiene experiencia previa salvo por unos cortos de animación de no más de diez minutos.

Mención aparte merece el desenlace y la explicación final sobre porqué estos chavales acaban en el laberinto. Posiblemente la peor excusa para que haya película que he visto en años.

Como puntos positivos, apenas se me ocurre destacar tres cosas. Por un lado, como ya hemos señalado, se agradece que dentro de lo que cabe sea relativamente autoconclusiva y que el espectador salga con la sensación de haber visto una película y no el capítulo de una serie de TV demasiado largo, como suele ocurrir con las adaptaciones de este tipo de novelas. Se nota la experiencia de su director en la animación, pues aunque estamos ante un producto menor, el diseño del laberinto es bastante elaborado. Y la actriz es guapa, aunque tiene la madera interpretativa de Kristen Stewart, como la mayoría de sus compañeros masculinos, que apenas muestran expresividad aunque estén atrapados en un laberinto, luchando contra monstruos o peleándose entre sí.

Película de autobús. Próximamente en su viaje Madrid-Tordesillas.





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