24 julio 2012

Drácula contra Frankenstein de Jesús Franco (1971)


Director: Jesús Franco (Jess Franco para los amigos)
País: España
Actores: Dennis Price, Howard Vernon, Paca Gabaldón, Alberto Dalbés, Britt Nichols, Geneviève Robert, Anne Libert, Luis Barboo
Año: 1971
Duración: 85'
Calificación: Petardo infumable
Critico colaborador: Harker 
Puntuación:





Seguro que si a la mayoría de vosotros os preguntan por el cine español de los años 70 casi todos contestaríais con los nombres de las comúnmente llamadas “españoladas”, es decir, las primeras películas del destape con pechotes y muslámenes a tutiplén en las que Alfredo Landa, Pajares, Esteso y José Luis López Vázquez (entre otros) hacían de las suyas al grito de “¡¡alemanaaaaaaas!!”.

Pero por mucho que José Manuel Parada y Carmen Sevilla hayan tratado de ocultarlo reponiendo una y otra vez las mismas películas en “Cine de Barrio”, en esa época (e incluso antes) ya existía un grupo de directores que intentó sacar adelante películas pertenecientes al genero del fantaterror con los más variopintos resultados (normalmente oscilando entre las producciones decentes y la sinvergonzonería más absoluta). Y precisamente sobre uno de estos “bisionarios” vamos a hablar hoy, pues la película que os voy a defenestrar es ni más ni menos que la infame “Drácula contra Frankenstein”, del ínclito Jesús Franco, también conocido como “el tito Jess” entre sus mas íntimos conocidos, entre los cuales tengo el gusto de no encontrarme.

Partamos de una base cierta a todas luces: esta película (ateniéndonos estrictamente a la definición de película como cinta de celuloide que contiene una serie de imágenes fotográficas que se proyectan en la pantalla del cinematógrafo o en otra superficie adecuada) es una de las mayores basuras rodadas en nuestro país. Todo un ejemplo de ausencia de argumento, coherencia, ritmo narrativo, e interpretaciones creíbles. Un autentico “tour de force” del esperpento cinematográfico y muestra absoluta de todos los defectos del cine de Jess Franco elevados a la enésima potencia y multiplicados por el número de Avogadro.

"Lo que nuestro vehemente crítico trata de transmitiros con su prosa lenta y sosegada es que la obra cinematográfica objeto de sus disertaciones viene ser un truño como un puño."

La película (y que los hermanos Lumière me perdonen por seguir llamando película a esto) comienza en un pueblo que se supone centroeuropeo con nuestro conde en sus sibilinas andanzas en pos de un trago de sangre fresca. Mientras el amigo Vlad busca una lagarta a la que hincarle el diente, el director nos regala una serie de planos de anímales, que no aportan una mierda a la película y cuya único fin parece ser llenar minutos de metraje, con uso y abuso de zooms que marean al incauto espectador, llegando a plantearse uno la necesidad de que suministren una bolsa para vomitar junto con el dvd de la película (admitiendo que alguien pudiese llegar a pagar por comprar esta cosa). Drácula encuentra a una moza de buen ver, que además está enseñando cacha (recordemos que es un film de Jesús Franco), así que no se lo piensa dos veces y se presenta ante ella con la galantería requerida para un cortejo de estas características.

La primera aparición de Drácula ya nos deja claro que vamos a sentir vergüenza ajena más de una vez y más de dos.

Tras esta escena, que ya nos avanza en qué clase de percal nos estamos metiendo, se nos presenta al que viene a ser el héroe de la película, el doctor Seward, y una paciente loca que tiene alojada en su clínica y cuyo papel se reduce a pintarrajear las paredes y poner caras absurdas sin venir a cuento. Tras conocer el doctor la noticia de que otra joven ha muerto víctima del conde y librarla de la maldición del vampirismo mediante el nada caballeresco método de clavarle un clavo en el ojo (lo de la estaca en el corazón está muy visto, aquí son mas "hardcore") decide que es hora de poner las cosas en orden acabando con el vampiro, y si de paso se gana el favor de alguna fémina del pueblo, pues mejor que mejor. Así que ni corto ni perezoso coge el vehículo más moderno del que dispone, una calesa tirada por caballos, que sería lo más de lo más si no fuese porque la historia se desarrolla en los años 70 y hasta el criado contrahecho de Frankenstein conduce un cochazo de lujo.

El buen doctor llega al castillo y en menos que canta un gallo encuentra el ataúd de Drácula, al que sin muchos miramientos le clava una estaca en el corazón regalándonos una de las muchas escenas sonrojantes de la película, ya que en vez de mostrarnos el cadáver descompuesto del vampiro lo que vemos inerte dentro del ataúd es...


Todos y cada uno de los actores que habían interpretado a Drácula hasta la fecha sintieron un estremecimiento en la Fuerza en el momento de rodarse esta muerte tan bochornosa.

La cosa podría haber tenido un final relativamente feliz si Jesús Franco hubiese decidido meter claqueta, positivar y mandar a todo el mundo a casa, pero el muy cabrón decidió seguir rodando, así que no respiréis aliviados, porque esto que os he resumido son solo los quince primeros minutos de película. Haced un sencillo cálculo y os daréis cuenta de que todavía os queda mucha mierda que tragar.

Lo siguiente que contemplamos (si no hemos caído en la tentación de imitar al capitán de la "Horizonte Final") es a una gitana que pertenece al selecto grupo de "personajes random" que abundan en la película y que, tras decir cuatro chorradas y dibujar lo que bien podría ser un mojón en la arena, tiene un momento de revelación tras el cual musita "Frankenstein".

Dicho y hecho, como si la gitana trajese el mal fario, lo siguiente que vemos es la llegada de Frankenstein al pueblo junto a su criado (al que a falta de nombre yo llamo "El Sexy") y cómo, con más cara que un banquero, ocupa el castillo de Drácula y se monta su laboratorio en el que planear malvedades varias. Estas malvedades se dividen en tres grupos bien diferenciados. A saber:

  1. Resucitar a su monstruo y a Drácula, al cual ha encontrado en ese indecoroso estado de murciélago disecado en su ataúd.

“Otro estaría aún de baja, pero yo tengo que currar”
  1. Secuestrar gente del pueblo para robarle la sangre con la que resucitar a Drácula o, en su defecto, ponerles bajo su control mediante unos electrodos una vez Drácula ya los ha convertido en no-muertos para formar un ejército de vampiros.
  1. Escribir al final del día todas estas malvedades en su diario personal de las"Monster High" para luego compartirlas en su reunión mensual de "mad doctors" de baratillo.

“Querido diario: hoy le he quitado el caramelo a un niño y el bastón a un anciano, pero mi mayor maldad ha sido participar en esta película. Nota mental: comprar plátanos.”


Esto que a primera vista puede parecer una excusa perfecta para ver mamellas, sangre y monstruos desatados, se convierte una vez pasado por el filtro de Franco en todo un festival de la cochambre y de lo bizarro, merced a la aparición de elementos de contrastada calidad tales como...

¡¡¡Maquillajes hiperrealistas!!!

Sin duda aquí se nota la mano de Rick Baker.

¡¡Efectos especiales sin parangón!!




¡¡Galanes como los de antes!!

Ay, moza, si tu quisieras y yo me dejara...


¡¡Pajilleitor Plus!!



Por si esto fuese poco, de repente se nos introduce a un nuevo personaje, una vampira que tiene su ataúd al lado del de Drácula pero en el que nadie había reparado, y que automáticamente queda bautizada como la vampira Zorripaina.

Ojo al detalle del enchufe en la pared. Solucionada la duda de si Dracula tendría instalación eléctrica en su castillo, solo me queda saber si tiene internet o le choricea el wifi a algún vecino.

Drácula muerde a la loca que vive con el doctor por lo que este se da cuenta de su regreso y vuelve al castillo para matarle de nuevo, pero lo único que consigue es recibir una soberana paliza por parte del monstruo de Frankenstein al que, siendo sinceros, animamos fervorosamente porque el personaje del doctor es un sosainas y se merece eso y más.

Un grupo de niños gitanos acude en ayuda de Seward (sospecho que su intención inicial era robarle la cartera) y le llevan con la gitana profeta para que le cure. A esta le da un nuevo arranque de locura y predice que cuando salga la luna llena el hombre lobo vendrá, se enfrentará al mal y lo vencerá (¿¿¿¿????). Inocente de mi, pensé que la gitana estaba aprovechándose del estado del doctor para echarle una maldición que le convirtiese en hombre lobo, pero nuestro amigo Franco, que domina como nadie el arte de sacarse personajes de la manga saltándose toda lógica e hilo narrativo, nos sorprende en la siguiente escena mostrándonos al licántropo de marras, que no se corresponde con ningún personaje presentado anteriormente y que como Pedro por su casa se mete a las primeras de cambio en el castillo para dar comienzo a la gloriosa...¡¡BATALLA FINAL!!

Y es en esta escena donde se produce la gehena, el ragnarok, la catarsis de los sentidos en un ejercicio final del “acabemos esto como sea, que se está enfriando la cena”, en el que la poca lógica que pudiera tener este crimen de lesa humanidad que llamamos film se pierde completamente, y en el que es fácil imaginarse a Jesús Franco completamente desatado elevando el “todo vale” a la categoría de arte.

Mientras miramos de soslayo el reloj con impaciencia rogando porque acabe ya este padecer vemos como el hombre lobo (que sufre cierto problema se soriasis o bien de falta de presupuesto, todavía no lo tengo muy claro) se enfrenta al monstruo de Frankenstein en un combate que haría sonrojar a los que idearon la pelea del capitán Kirk contra Gorn, y como Drácula es finiquitado por el propio doctor Frankenstein de una manera aún más humillante que la primera y acusado de traidor y poco menos que de haber causado la crisis económica y el éxito de Justin Bieber. Escena integra “for your consideration”:



Tras esta acojonante y épica batalla se presenta en el castillo el doctor Seward acompañado de los gitanos y con gesto adusto y profundo se limita a sacar un crucifijo y rogar para que el mal no vuelva a aparecer (y nosotros rogamos con el para así no tener que ver otro tostón como este). Mientras, el guión termina de hacer aguas por todas partes dejando más cabos sueltos que el final de “Perdidos” y nosotros procedemos a pegar fuego al ordenador o dvd en su defecto.

TÉ EN



En cierta ocasión Jesús Franco declaró que los diálogos de la película no ocupaban más de dos folios. Yo voy a ir un poco más allá y voy a asegurar que cabrían perfectamente en un cuadradito de papel higiénico por las dos caras, y que si alguien hubiese usado después ese papel para su uso cotidiano no hubiese sido impedimento para que los actores distinguiesen sus líneas de texto. Y es que hasta que se cumple la primera hora de película no se da el primer dialogo propiamente dicho entre dos personajes, el resto son disertaciones de Frankenstein escribiendo su diario, relamiéndose de gusto ante lo malvado que es o las profecías de la gitana con aires de grandeza.

Parece mentira que este hombre que ha encadenado churro tras churro haya logrado tener una filmografía tan extensa, con algunas de sus películas metidas directamente en el genero porno. ¡Ah, bueno! Se me olvidaba que esto es España, y que cuanto mas morro le echas mejor te va.

“Y encima me llevo un Goya para casa. Chúpate esa Doctor Somier”
En definitiva, un petardo infumable solo apto para cinéfagos que ya hayan paladeado anteriormente alguna película de este hombre, porque “Drácula contra Frankenstein” juega en otra división. El resto abstenerse.

Hasta otra chavales. Seguro que pronto volvemos a vernos por aquí.






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