23 febrero 2013

Zero dark thirty (La noche más oscura)



Título original: Zero dark thirty.

Directora: Kathryn Bigelow.

Actores: Jessica Chastain, Joel Edgerton, Taylor Kinney, Kyle Chandler, Jennifer Ehle, Mark Strong,Chris Pratt, Mark Duplass, Harold Perrineau, Jason Clarke, Édgar Ramírez, Scott Adkins,Frank Grillo, Lee Asquith-Coe, Fredric Lehne, James Gandolfini, Reda Kateb, Fares Fares,Stephen Dillane.

Duración: 157' 

Crítico: Serdna.



Puntuación:


 ‘Zero dark thirty’ (titulada en España como ‘La noche más oscura’) es la última película de la directora Kathryn Bigelow y una de las favoritas de cara a la próxima edición de los Oscars, que tendrá lugar este domingo. Esta directora, durante mucho tiempo considerada de culto por ser autora de un clásico del cine de acción de los 90 como es ‘Le llaman Bodhi’ o por su peculiar aportación al cine de vampiros con ‘Los viajeros de la noche’, ya triunfó en la edición de los Oscars de hace un par de años con ‘En tierra hostil’, arrebatándole varias estatuillas a su ex-marido, James Cameron, y sus bichos azules.

El proceso de desarrollo de esta película es bastante peculiar, siendo un ejemplo de cómo a veces la realidad supera o se adelanta a la ficción. Cuenta la historia de la operación militar que acabó con la vida de Osama Bin Laden en 2011 y, según parece, su guión empezó a escribirse antes incluso de que se produjese dicho acontecimiento, contando la historia de un hipotético intento fallido de asesinar al líder terrorista. Tras producirse la muerte de Bin Laden en la vida real, los guionistas se vieron obligados a modificar la parte final la historia, para adecuarla a los hechos reales que acababan de producirse.

La muerte de Bin Laden (y, en realidad, todo lo relacionado con él) es uno de los hechos más enigmáticos y controvertidos de los últimos años. En la era de la información, donde absolutamente todo acontecimiento que suceda en cualquier parte del mundo llega a nosotros a través de Internet en cuestión de minutos, acompañado por cientos de imágenes y vídeos que nos permiten vivirlo prácticamente en primera persona (recordemos el 15M y las distintas protestas que se han producido en España, Grecia o Portugal en los últimos meses, la llamada “primavera árabe” o la captura y asesinato de Gadafi en Libia), es normal que un hecho tan impactante como la muerte del terrorista más buscado del mundo generase desconcierto y hasta incredulidad por el hecho de no existir ninguna imagen que lo confirmase y por el absoluto (y lógico) secretismo que rodeó la operación militar. Por ese motivo, es comprensible que una película que recreara unos hechos tan enigmáticos generase gran expectación. Lástima que, sin embargo, la película sea tan facilona y decepcionante.


Sí, es cierto que ha sido un éxito de crítica y que prácticamente todo lo que se dice sobre ella son elogios. Empezando por la supuesta neutralidad con que la Bigelow narra los hechos. “Es una película incómoda”, “no se pone del lado de nadie”, “cuenta los acontecimientos con objetividad”, son frases que con frecuencia se han escrito acerca de esta película. Y una puta mierda. No voy a negar, a estas alturas, las virtudes de esta mujer tras las cámaras (porque las tiene, aunque en ésta se note poco), pero creo de verdad que ha entendido mal desde el principio la forma de enfocar el cine político. Para empezar, pretende ser fría y distante… y para ello emplea una dirección absolutamente impersonal y sosa, pero de eso casi mejor hablamos luego. Lo más grave de todo es que esa supuesta neutralidad, ambigüedad o como queráis llamarlo brilla totalmente por su ausencia. Esta película es tan patriotera como cualquiera de Chuck Norris, con la diferencia de que aquí no suena música épica en ningún momento (en realidad, apenas suena música) y no hay primeros planos de la bandera estadounidense. No digo que esto sea necesariamente un defecto, uno puede hacer películas patrioteras (sea de la patria que sea) o propagandistas (tenga la ideología que tenga) y al mismo tiempo ser un buen director y hacer grandes pelis. Pero por favor, que no nos cuenten milongas y que no venga nadie a decirnos que Leni Riefensthal, Sergei Einsenstein, D.W. Griffith o el puto John Millius son directores neutrales y ambiguos.

Es verdad que en ‘La noche más oscura’ vemos escenas de agentes de la CIA torturando a prisioneros, pero ¿de verdad a estas alturas alguien cree que mostrar eso en una película es algo polémico y provocador? Es mostrar la realidad, una realidad triste, pero de la cual a estas alturas (ya ha llovido desde Abu Ghraib) todos somos conscientes. Podría ser provocador o incómodo si se hiciese de forma crítica, se nos mostrase, por ejemplo, cómo torturan a un inocente o lo inútil que resulta hacerlo. Pero no es así en absoluto. El mensaje de la película es claro en ese sentido: el fin justifica estos medios.

Torturar prisioneros + conseguir información + matar a los malos = el sistema funciona.

WOW, polémico y ambiguo de narices, sin duda.

Habrá quien esté de acuerdo con el mensaje de la película y habrá quien no. No pretendo iniciar un debate sobre los derechos humanos, el trato a los prisioneros de guerra o la política internacional de EEUU, lo que pretendo es demostrar que esta película tiene de neutral lo que Carmen de Mairena de ayatolá. Partiendo de esa base, la peli podría ser un folleto mal disimulado y, al mismo tiempo, ser una gran peli. El problema es que no lo es, de hecho, es bastante ridícula.


Y es ridícula precisamente porque, si a la hora de ocultar su ideología fracasa burdamente, a la hora de conseguir algo parecido a una ambigüedad moral en sus personajes, lo hace aún más. Los guionistas nos muestran a un agente de la CIA torturando a un prisionero y, minutos después, dando de comer a unos monitos. Eso es lo que entiende Bigelow y Mark Boal (su guionista) por ambigüedad moral y ese mismo esquema lo repetirán una y otra vez a lo largo de la película.¡Son torturadores pero campechanos! Meten todas las escenas que pueden de los agentes de la CIA yéndose a cenar juntos, siendo muy abiertos, simpáticos y agradables entre sí o… HACIÉNDOLE UNA TARTA DE CUMPLEAÑOS A UN TERRORISTA QUE PLANEA CAMBIAR DE BANDO. OOOH, ¡qué bonito y qué realista!, ¡qué personajes tan creíbles y humanos, con su lado bueno y su lado malo! “Ponga a un personaje haciendo algo moralmente reprobable y a continuación póngale abrazando un osito” (extraído de ‘Complejidad moral para dummies’).

Lo de la tarta de cumpleaños al terrorista es tan inexplicablemente estúpido e irreal que uno realmente no sabe si está ante una parodia, pero teniendo en cuenta el tono de la película, no lo parece. Es sin duda el momento más ridículo de la película, seguido de cerca por todo lo que rodea a la muerte del propio Bin Laden (no hace falta avisar de spoilers, ¿no?). Haciendo honor a su título, la noche es muy oscura, muy oscura… tanto que no se ve una mierda. Se ve a un montón de tíos entrando en pasillos y disparando morenos a los que llaman por su nombre. Y hay muchos niños. OOOH, SON ISLAMISTAS PERO TIENEN NIÑOS. Después de cargarse su tito Osama, uno de los Navy Seals le regala a una niña una linterna. Por supuesto, aquí lo tenemos otra vez esa ambigüedad moral de baratillo. BISONARIOS.

En cuanto a la dirección, a la cual hemos hecho ya regencia un par de veces, es fría e impersonal, tirando de ese estilo supuestamente realista, con movimientos de cámara y esas mierdas que se popularizó con las pelis de ‘El caso Bourne’ y que parece ser que es obligatorio meter hoy en día si quieres que tu película parezca realista. Lo del supuesto realismo puedo entenderlo y no tiene porqué ser malo, siempre y cuando no se convierta en sosez, como pasa aquí. Intentando ser distante y ambigua, la Bigelow  consigue  que todo nos importe un pimiento y no emocionar ni empatizar lo más mínimo con nadie en ningún momento. El propio clímax de la película, lo que le da sentido, la muerte de Osama, está rodada como si nada. Una silueta se mueve, un tío dispara, ya está. Y todo cámara en mano.


Y sobre los actores, se podría decir más de lo mismo. Por ahí desfilan Mark Strong, James Gandolfini o Stephen Dillane (Stannis en ‘Juego de tronos’), en breves y anodinos papeles. La única que destaca un poco es Jessica Chastain, tiene un par de momentos para lucirse, pero la verdad es que si la chica destaca es más por méritos propios que por el guión. Los personajes están todos absolutamente desdibujados y es casi imposible empatizar con ninguno, y eso es especialmente grave cuando se trata del caso de la protagonista. Se supone que el personaje de Chastain debería ser el hilo conductor del a cinta. Una joven agente de la CIA que después de ver morir a algunos compañeros en la guerra contra el terrorismo se acaba tomando la caza de Bin Laden como algo totalmente personal y no descansará hasta conseguir su objetivo. Contado así, podría haber sido una gran historia. Podría. El hecho de que la trama se desarrolle a lo largo de casi diez años con constantes saltos en el tiempo también perjudica muchísimo la historia, haciendo que pierda intensidad y que acabe por resultar soporífera. Sólo la parte final, cuando estrechan el círculo en torno a Bin Laden, parece que la historia remonta un poco, pero vuelve a decepcionar con la chapucera escena final del asalto a su guardería salafista en Pakistán.

En fin, una película que intentando (y no logrando) resultar neutral y ambigua, lo que consigue es ser fría y anodina, en la cual ni el guión ni la dirección destacan y que solamente la labor de la actriz protagonista consigue destacar un poco.

Si queréis ver cine político bien contado, con cierta ambigüedad (la justa, tampoco vamos a pasarnos) y sobre todo, divertido y bien rodado, id a ver ‘Argo, otra de las nominadas a los Oscars



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